INSOMNES: La cama de Lana y Manuel

LANA Y MANUEL
CALI, 2006
LA CAMA DE LANA Y MANUEL

Lana siente el brazo de Manuel moverse bajo su cara para convertirse en su almohada. Aun con los ojos cerrados ve cosas: recuerdos que la avergüenzan, pensamientos, sensaciones, sentimientos a los que teme. Una ringlera de imágenes le impide disolverse en el sueño. Todas esas imágenes juntas, sin filtro ni clasificación, la mantienen en vela. Lentamente se llena de aire para simular que duerme, hasta que la mano de Manuel sobre sus costillas la previene. “¿A quién quieres engañar?” Esa mano estable que no busca sus senos para anunciar que seguirá despertando placer en su cuerpo, esa mano quieta, firme, le revela que Manuel tampoco puede dormir. Entonces, sus dedos acarician el brazo-almohada en una línea casi recta y llegan hasta la mano de Manuel, vacía, abierta, no sólo desocupada sino alerta, expectante, ansiosa por conocer la decisión de Lana. ¿Hará círculos sobre su eminencia tenar? ¿Intentará esa pequeña caricia con la que le pide que no la deje dormir todavía y lo invita a renovar, con orgasmos, el amor que los hace un horizonte, una silueta de las montañas de la ciudad al atardecer, una vista imperdible?

La mano de Lana reposa sobre la de Manuel, sin conseguir desalentar la turbulencia de sus mentes. Como a Lana, recuerdos de impotencia y de vulnerabilidad acechan a Manuel. Cuestionamientos circulan entre su cabeza y su pecho y le bloquean las manos. Solía darse plazos para la credulidad: “Sólo cuando tenga la medalla, el trofeo, el diploma, creeré que soy estudiante sobresaliente, deportista destacado, bachiller bilingüe. Sólo cuando tenga la carta de admisión, el pasaporte, el permiso de estudio, los pasajes de avión, el carné de estudiante, la habitación en la residencia universitaria, el primer reporte de notas sabré que conseguí ser estudiante internacional.” ¿Y ahora qué? ¿Ya puede creer en su nueva condición? Sólo cuando el hijo duerma en su cuarto se sentirá padre, presagiaba. ¿Ya es padre? ¿El hijo duerme? 

Que Lana siga despierta y que su propio estado mental sea indiscernible de un mal sueño son preocupaciones que se suman a la pregunta: ¿El niño sí ha podido dormir? ¿Habrá recordado cómo no volvió a ver a su madre desde que se quedó dormido en un bus intermunicipal? ¿También será preso de un remolino de malos recuerdos y miedos, o acaso él sí pudo alimentarse de la esperanza del día, de la emoción del nuevo comienzo y pudo saciar su apetito de saberse parte de una familia otra vez?

Manuel se muerde los labios, aprieta aún más sus ojos ya cerrados y las imágenes siguen ahí, las emociones se renuevan. El silencio de ser abandonado por su prima hermana, que dolió más que la ausencia de sus padres, sentirse peor que hijo único, deshermanado, incompleto. El sobresalto que lo golpeó la primera vez que vio a Bebé Lucía, su mirada extraña que quizá no tenía arreglo. El sentido del deber de hermano mayor que lo obligaba a cuidar a Lucía con más entrega que la de sus padres, aunque para ella sí tenían tiempo. La conciencia de la falibilidad de los adultos, de padres o madres que, tentados a dar libertad a sus hijos, o más bien a desentenderse de ellos, los confían a alguien precariamente fiable o ingenuamente los entregan a un abusador sin anticipar peligro alguno. ¿Desde qué altura moral les ha dado recomendaciones a tantos padres de familia del colegio sobre cómo tratar a sus hijos, cuando él sólo los conoce como profesor? Justo ahora, con el niño en una habitación cercana, comienza a calzar esas preocupaciones que le había escuchado a Lana sobre si ser docente te hace mejor o peor padre o madre. ¿Y Lana? ¿Qué tribulaciones o resoluciones estarán atravesándola en este momento? ¿Estará reviviendo las estancias en hogares de paso o en centros de protección? ¿El escarpado camino para aprender español muy rápido y así evitar ser objeto de burlas? ¿Su adolescencia con un padre soltero? ¿O con el temor a no merecer el cariño de José por no haber sido una buena hija? José. ¿José habrá podido conciliar el sueño?

Manuel está a punto de levantarse de la cama, pero Lana se da la vuelta. En la oscuridad, ella tantea su rostro y le da un beso corto. 

Should we... peek into his room... to make sure he's asleep? 

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A partir de aquí, se puede escoger a un personaje para conocer su infancia y adolescencia: los recuerdos que le quitan el sueño.

Opción LANA: La biblioteca regional Hild

Opción MANUEL: La casa de los abuelos

O saltar a la historia de la pareja:

Opción LANA Y MANUEL: Unicentro

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