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Mostrando entradas de diciembre, 2025

Manuel: la casa de los Gómez. 2001

MANUEL CALI, 2001 LA CASA DE LOS GÓMEZ Manuel parqueó frente al jardín de la casa de sus padres y se quedó un rato en el carro, esperando a que amainara un poco la lluvia de noviembre. Lucía no salió a recibirlo. En la cocina, Manuel encontró a su madre haciendo una lista de compras. Cuando ella lo vio, se acercó para abrazarlo. Le repetía “ya, hijo, ya” con cada pasada de la mano por su espalda. Conservando el abrazo, lo llevó hasta la sala. En el sofá, Luz Marina acunó la cabeza de Manuel en sus piernas, sin decirle nada. Simplemente estuvo ahí para él. Le alcanzó pañuelos desechables varias veces y empezó a acumular los usados sobre la mesa auxiliar. —Manuel, es natural sentirse triste por la ausencia de los seres queridos. Pero dime, ¿en algún momento pensaste en volver con Karina? —preguntó ella. Manuel contestó moviendo la cabeza para negar.  —¿Y cuántas veces se habían visto desde que terminaron? Él hizo un círculo con el índice y el pulgar. —Y ¿entonces?  Manuel siguió...

Lana, Manuel, Anabella y Javier: Renault Twingo

 LANA, MANUEL, ANABELLA Y JAVIER CALI, 2004 RENAULT TWINGO Para Lana, el regreso a Cali en el carro significaba que estarían encapsulados allí los protagonistas de la vida sentimental de Manuel. Y por ser su familia, no eran personas que pudieran echarse a un lado fácilmente. Tenía que reconocer que estaba celosa, muy celosa de lo desconocido. Manuel temía que cualquier cosa que dijera incomodara a Lana, entonces se abstuvo de propuestas.  —¿Qué te parece que podríamos hacer con Anabella y Javier? — Do you mean, like a double date? —preguntó Lana. —Ajá. —confirmó Manuel la respuesta para ella y la conjetura sobre los celos de Lana para sí: cuando se sentía acorralada, incapaz de autorregularse, ella volvía a su lengua materna. Tras un silencio largo, Lana enumeró varias opciones.  —Podríamos ir a avistar pájaros en Dapa o en la Laguna de Sonso, podríamos ir a Vijes a comer sancocho valluno o chuleta, lo que les parezca atractivo a ellos. En el peor de los casos, podemo...

Lana y Manuel: la cocina

 LANA Y MANUEL CALI, 2004 LA COCINA DESBORDAMIENTO. Esa era la palabra con la que Manuel etiquetó el estado de Lana desde la noche anterior.  Evidencias de desbordamiento  o En una o dos ocasiones Lana hubiera podido invocar su palabra de seguridad, pero no lo hizo. [Sospecha de desbordamiento.] o Se entregó al silencio. Sin llanto, sin queja, ¿sin placer? [Evidencia no concluyente.] o Sangró, sí. Pero era normal. Todavía tenía el periodo. [No es una evidencia válida.] o Los besos de Lana en la mañana fueron más numerosos y ansiosos de lo habitual. [Evidencia cuantitativa y cualitativa.] o A la hora del desayuno, Lana tomó una taza más de café y se comió una pastilla de chocolate para batir. [Evidencia cuantitativa. Monitorear inventario de consumibles.] o En la mañana, Lana anegó el bonsái y las violetas. [Desbordamiento de agua, evidencia concluyente.]  o Lana pasó una hora de más escribiendo en su agenda y sus cuadernos. [Evidencia cuantitativa tem...

Lana y Manuel: Unicentro

 LANA Y MANUEL CALI, 2003 UNICENTRO En la plazoleta de comidas de Unicentro, Manuel almuerza con su hermana Lucía. Ve pasar a Lana, su colega del trabajo, con un hombre mayor que ella. Es más claro y más alto que Lana. Tiene una sonrisa cautivadora. Mirándolo bien, Manuel piensa que el hombre es muy atractivo. Más allá de la elegancia al caminar, lo que nota es que este hombre se quiere mucho a sí mismo y se pregunta si quiere a Lana de la misma manera. Lucía advierte la concentración de su hermano en esta pareja y le dice que se ven lindos juntos. Manuel mira a Lucía, pero sus oídos están atentos a la conversación de Lana con el hombre. Se da cuenta de que hablan en Spanglish y que él la llama Mami. Hace un gesto de incomodidad al pensar en un hombre en sus cuarenta trayendo a Lana a una cita barata en un centro comercial.  —¡Hola! —dice Lana, alternando la mirada entre los hermanos, intentando confirmar el parentesco entre ellos. Sorprendido, Manuel se levanta para sal...

Lana: la cocina de mamá Rosa

LANA CALI, 1990 LA COCINA DE MAMÁ ROSA Lana estaba en la cocina, lavando verduras para preparar la cena. Su primo Lorenzo entró por un vaso de agua. —¿Va a quemar comida hoy? —dijo Lorenzo con el vaso aún en la boca. —Si no quiere, no coma. —contestó Lana. Lorenzo se sirvió otro vaso de agua y lo lavó antes de ponerlo en la bandeja de los vasos.  —Acomídese a ayudar —ordenó Lana. —Lave las papas y pélelas. —Acomídase. A-co-mí-da-se. —la corrigió Lorenzo. —A-co-mí-da-se a lavar las papas. —reformuló Lana. —Si me lo pide, ya no es acomedimiento. —justificó el muchacho. Lana terminó de rayar zanahoria y empezó a trozar lechuga. Lorenzo se quedó mirando las piernas de Lana, los hombros, las trenzas, el resorte de la pantaloneta. —Prima bella. ¿Usted ya sabe que va a estudiar en la universidad? —intentó cambiar la conversación. —Una licenciatura. —dijo Lana sin interés. —Será la de idiomas, porque su español todavía da pena. —se burló Lorenzo. —Usted de vez en cuando tiene ideas geniale...

Anabella: la chimenea

ANABELLA CALGARY, AB, 1984 LA CHIMENEA Alexander, el hermano mayor de Anabella, toca el timbre de la entrada principal. Anabella abre la puerta y le reclama la pereza de no usar la llave para entrar. —Adivine qué tengo aquí. —dice el muchacho con una mirada pícara. —Si fuera adivina me ganaría la vida más fácil. —Repite Anabella la expresión que le había escuchado a su madre. —Tonta, no diga cosas que no entiende. Le llegó una carta de amor. —le dice a Anabella acercando la cara hacia ella, pero alejando la mano que tenía la carta. —¡Mamá! ¡Alex es un idiota, no me quiere dar mi carta! —grita. —Deje de decir idiota, qué palabra más fea. —interviene Alicia. —Y usted, dele la carta, deje la chanza para otro día. ¡Y los dos! Trátense con amor y respeto. Cuando su papá y yo no estemos, sólo se tienen a ustedes para cuidarse. —Yo le doy la carta, —cedió Alexander, —pero que la lea en voz alta. —Es mi carta. ¡Mamáaaaa! Alicia le desenrolla la bufanda al muchacho, le ayuda a quitarse la chaqu...

Casas vacías

Todos, todos incluidos, parloteaban y se oían a sí mismos mientras nosotras mirábamos confundidas e impávidas, porque eso era lo que había que hacer: ser casas vacías para albergar la vida o la muerte, pero al fin y al cabo, vacías. (p.82) Cuando a mamá le hicieron la histerectomía, el ginecólogo le entregó el útero a mi hermano para que lo llevara a patología. Al recibirlo, me miró y me dijo: "Aquí va nuestra primera casa". En ese año yo ya era mamá también y no había pensado en mí ni en una parte de mi cuerpo como una casa. La metáfora me conflictúa. Tiene demasiadas posibilidades. Pero una inesperada fue la de esta novela,  Casas vacías, de Brenda Navarro. ¿Cuándo una mujer es una casa vacía? ¿Qué se opone a una casa vacía? ¿Casa llena? ¿Llena de qué? Leí esta novela la semana siguiente a la muerte de mi abuela y las imágenes de su casa y de ella como mujer me acechan constantemente. Con Casas vacías nos enfrentamos a las voces interiores de dos mujeres que examinan su m...