Anabella: la chimenea
ANABELLA
CALGARY, AB, 1984
LA CHIMENEA
Alexander, el hermano mayor de Anabella, toca el timbre de la entrada principal. Anabella abre la puerta y le reclama la pereza de no usar la llave para entrar.
—Adivine qué tengo aquí. —dice el muchacho con una mirada pícara.
—Si fuera adivina me ganaría la vida más fácil. —Repite Anabella la expresión que le había escuchado a su madre.
—Tonta, no diga cosas que no entiende. Le llegó una carta de amor. —le dice a Anabella acercando la cara hacia ella, pero alejando la mano que tenía la carta.
—¡Mamá! ¡Alex es un idiota, no me quiere dar mi carta! —grita.
—Deje de decir idiota, qué palabra más fea. —interviene Alicia. —Y usted, dele la carta, deje la chanza para otro día. ¡Y los dos! Trátense con amor y respeto. Cuando su papá y yo no estemos, sólo se tienen a ustedes para cuidarse.
—Yo le doy la carta, —cedió Alexander, —pero que la lea en voz alta.
—Es mi carta. ¡Mamáaaaa!
Alicia le desenrolla la bufanda al muchacho, le ayuda a quitarse la chaqueta de invierno y le pide que se lave las manos y la cara con agua tibia. Pone un tronco de madera en la chimenea y enciende el fuego.
—Venga, mi amor, —le dice Alicia a la niña. Siéntese aquí y lea la carta.
—¿En voz alta?
—Si quiere.
Anabella empieza:
“Cali, 21 de octubre de 1984
Querida Anabella,
Gracias por la carta que me enviaste, gracias de todo corazon, me alegra saber que te gusta donde estas. A mi tambien me gustaria ver los arboles cambiar de color y el poder cambiar la ropa por el frio sin cambiar de ciudad, hasta que me lo dijiste no cai en cuenta lo importante que es el pronostico del tiempo.”
—Mamiii, qué horrible. Manuel no sabe poner tildes. —dice Anabella con vergüenza ajena.
“Te voy a estrañar muchisisimo esta navidad, con mi abuelo ya empece a hacer sonajeros con las tapas de gaseosa y cerveza para repartir en la novena de la cuadra en diciembre, mi abuela se enojo porque casi me estripo un dedo con una piedra de moler.”
—Mamá, ¿aquí dónde vamos a hacer la Novena de aguinaldos?
—Eso no se hace aquí, mi amor. Aquí es arbolito y regalos y ya. —dice Alicia con un tono de eso es lo que hay.
—¿Entonces no vamos a hacer pesebre? —se alarma Anabella.
—No, mi vida. Siga leyendo, si quiere. —dijo Alicia para distraer a la niña.
“Ultimamente se enoja mucho conmigo, o con mi papa, no se bien, creo que es porque nos vamos a ir a vivir a tu casa porque mi tio dejo encargado a mi papa mientras ustedes estan en Canada. Tu casa es grande para nosotros tres pero es que dentro de poco seremos cuatro, mi mama esta embarasada, nos vamos a mudar apenas salga de vacaciones y me van a cambiar de colegio. Osea que hay muchos cambios en tu vida y en la mia y es como si no hubieramos dejado de compararnos todo el tiempo.”
—¡Mamá! ¿Qué hay de comer? —grita Alexander desde la cocina.
—Agua molida y viento raspao, mijo —le contesta Alicia.
—¡Cómo así, Ma! —protesta el muchacho.
Alicia va a la cocina para decirle a Alexander que se haga un sándwich de mantequilla de maní, si le urge tanto. Y empieza a hervir agua para hacer chocolate caliente. Anabella continúa leyendo mentalmente.
“La ves que la vecina nos vio espiandola el regaño me lo gane solo yo, nos sapio la vieja. Pero menos mal solo le dijo a la abuela no al abuelo porque ella solo me adbirtio enojada que no debia espiar a las mujeres por las puertas, ventanas ni grietas o lo que pudiera, que no debia esculcar el bolso de una mujer ni los cajones de su tocador, eso me dijo ella enojada pero mi abuelo me hubiera agarrado a fuete y me hubiera marcado todo con la correa y hubiera sido una verguenza salir todo marcado a jugar futbol con los amigos. Total lo que queda claro es que la abuela nunca nos vio esculcando el tocador, nunca nos vio poniendonos los collares, las pulseras y las gafas de sol ni abrir esos frasquitos de crema que guarda ahi. Ojala nunca se de cuenta que le acabamos la cremita que dejaba las piernas como si tuvieras medias veladas.”
—Ay, Manuel, me haces una falta horrible. —musita Anabella.
“Cuando nos mudemos a tu casa yo ya me pedi tu cuarto por dos razones, primero porque me gustan los muebles tuyos que son mas modernos. A mi me gusta la cama donde duermo en la casa de los abuelos porque es grande, pero es que esto es el cuarto de huespedes y no lo siento mio. Lo segundo es que tu cuarto es el que tiene vista a la piscina. Me emociona la idea de la piscina pero para uno solo eso no es gracia. Por eso seria bueno que volvieras, pero solo tu porque si vuelven todos juntos no podriamos irnos a vivir alla.”
—Mi cama es tuya, Manuel. Mi cama es tuya. Y a mí también me gustaría estar contigo en mi casa, en la piscina, en mi cama. —pensó Anabella.
“Cuentame que estas pidiendo de navidad. Yo no estoy pidiendo regalo de navidad sino de cumpleaños tener una hermanita. Me dijo mi mama que el bebe no va nacer en diciembre, sino en marzo, entonces por eso es regalo de cumpleaños.”
—Ay, no. Eso sí que no. ¿Para qué necesitas una hermanita si me tienes a mí? —razona Anabella.
—Qué dice Manolo. —pregunta Alexander con la boca llena.
Anabella lee en voz alta.
“Saludos a mi tio, a mi tia, a mis primos y un abrazo para ti.
Atte,
Manuel”
—Ay, ¿si ve que era una carta de amor? Abrazos para ti. —se burla Alexander, abrazándose a sí mismo y tirando besos al aire.
—¡Dice que se va a mudar a mi cuarto y que va a tener una hermanita! —exclama Anabella ofendida.
—¡Uy, traición! ¿Y qué le arde más, que le quite el cuarto o que la reemplace con una hermanita? —azuza Alexander.
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