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Mostrando entradas de agosto, 2025

Anabella y Javier: el jardín bajo el manzano

[Anterior: Anabella: la cocina ] ANABELLA Y JAVIER CALGARY, AB, 1998 EL JARDÍN BAJO EL MANZANO Sobre el pasto del jardín posterior, bajo la sombra de un manzano, Anabella estaba sentada frente a Javier, ambos con las piernas cruzadas, criss cross applesauce . Le puso las manos sobre los hombros y lo miró fijamente. —¿Qué quieres saber de mí y de Manuel? —¿Por qué tienes sexo con tu primo? —Qué básico.  —Entonces, ¿qué quieres que te pregunte, o qué quieres decirme? —Está bien. —¿Necesitas tiempo? —No, yo tengo las cosas claras, pero prefiero contar la histora. Desde que éramos pequeños, Manuel era todo para mí. Cuando yo me quedaba en la casa de los abuelos, yo dormía con él, porque la cama de él era doble. Algunas veces, abuelita Lucero nos acompañaba. Mis hermanos nunca se quedaron a dormir. Y Manuel y yo jugábamos a cosas que a mis hermanos no les interesaba. A la familia, por ejemplo, o a las amigas. Manuel siempre fue muy versátil. Podía salir a jugar fútbol con ustedes y lue...

Anabella: la cocina

[Viene de Manuel: El sótano ] ANABELLA CALGARY, AB, 1998 LA COCINA  Manuel y Javier salieron a Tommy's Pizza . Mientras Anabella organizaba la mesa, llamó a su mamá. —Mom. Mommy. —Ay, Anabella, mi vida. Cuéntame qué es lo que está pasando. Doña Lucero está que brinca en una pata porque dizque viene Manuel para Colombia. ¿Eso es cierto? —Sí, mom. —¿Y tú también vas a venir, entonces? —¿Yo por qué? —Pues, porque los últimos dos años tú vives en función de Manuel. Y nosotros pensábamos que ahora que él se va a graduar ustedes se iban a organizar juntos. —¿De qué estás hablando, mamá? ¿Cómo así que pensábamos? ¿Con quién pensaban qué? —Su papá y yo, mija. —No entiendo de qué me estás hablando. —Usted nos cree caídos del zarzo o qué. —¿Caídos de qué? No sé qué es eso. —No se haga la pendeja. Usted entiende. Y dígame, ¿usted se va a venir a Colombia con Manuel, sí o no? —No. —¿Qué les pasó, se pelearon? —No, pero no entiendo tu preguntadera. —Yo sé lo que pasa con ustedes desde hace rat...

Manuel: Motel en Radium

[Viene de Javier: Las aguas termales de Radium ] —¿Bee? —¡Hola! ¿Por dónde vienen? —No regresé a Calgary. — … ¿Y eso? —Algo pasó en Radium. —¿Algo pasó o alguien pasó? —Las dos cosas. —¿De qué me vas a hablar primero? —De lo que siento. —A ver. —El sábado fuimos a las piscinas termales y… todavía no sé cómo explicarlo. — … —Había una niña en la piscina con toda su familia y yo no podía dejar de mirarla. La niña sonreía mucho y su familia también, el papá, la mamá, el hermano mayor. Y todos eran muy desinhibidos, hilarantes. Estaban felices, lo pasaban muy bien. —Lucía. —Sí. — … — Esa piscina estaba llena y yo creo que era el único indecente, morboso, mirándolos como si fueran una novedad. — … — Me sentí muy mal. Casi me arrepentí de haber nacido. Bueno, no, tampoco así, pero eso me bajoneó un resto. — … —¿Bee? —Entiendo. Querés volver a Colombia. —Psí. —¿De vacaciones o...? —No lo sé aún. —Cuando hablo con Lucía por teléfono siento que ha crecido y que me he perdido de algo, pero viend...

Manuel: el sótano

[Viene de Anabella y Javier ] MANUEL Y JAVIER CALGARY, AB, 1998 EL SÓTANO Manuel entró por la puerta de la cocina y se asomó a la sala. Anabella y Javier estaban mirando televisión. Tenían la cabeza mojada. —¡Hola! —Hola. —Hola. Anabella no miró a Manuel y con eso él lo supo todo. Fue a la cocina por una bebida y bajó al sótano. Desde ahí gritó. —¡Javier! Javier bajó con las manos caídas como si fuera a cantar el himno nacional, pero sostuvo la mirada frente a Manuel. —Leila te dio tiempo, pero no te terminó. ¡Y vos usás el tiempo para comerte a mi familia! —No es así. —Entonces, ¿cómo es? —No te lo puedo explicar. —¿Me vas a decir que me extrañaste y encontraste en Anabella un sustituto? —Si lo pones así, ¿tal vez? Pero, no te encontré a vos, la encontré a ella y no es un sustituto. —Entonces, ¡terminá con Leila de una vez! —Cómo le voy a terminar por teléfono. —Al menos, ¿le dijiste a Anabella de Leila? —Después de…, sí. —Ah, bueno, si ella no te sacó de la casa. Está bien. Lo que el...

Anabella y Javier: El cuarto de Anabella

[Viene de Manuel: La casa de los Gómez ] ANABELLA Y JAVIER CALGARY, AB, 1998 EL CUARTO DE ANABELLA Mientras juegan a encestar en la cancha de baloncesto, Anabella y Javier no dejan de acecharse el uno al otro. Escrutinan sus cuerpos para ver qué apetece Manuel en ellos. Javier se siente aturdido al darse cuenta de que estos primos parecen hermanos. Podría decirse que Anabella es la versión femenina de Manuel o él la versión masculina de ella. Comienza a fantasear la aventura de buscar rastros de Manuel en su boca. El beso de Anabella que Manuel respondió, él lo quiere recuperar. Y quiere visitar los lugares de ella que Manuel ha reclamado, quiere tocar, lamer, morder, pellizcar, penetrar, acoger, humedecer todo lo que Manuel ha conocido en ella. Y Anabella tiene un deseo paralelo de descubrir qué hace Manuel con el cuerpo de un hombre, de un hombre que Manuel no puede considerar como una versión de sí mismo. —Vení. —dice Anabella. —Devolvámonos. En la cocina, Anabella toma agua muy rá...

Manuel: la casa de los Gómez

[Viene de Manuel: Motel en Radium ] MANUEL, ANABELLA Y JAVIER CALGARY, AB, 1998 LA CASA DE LOS GÓMEZ Cuando Manuel entró a la casa de su tío por la puerta principal con una silueta más alta que él detrás, Anabella ignoró la silueta y besó a Manuel con una intensidad que era un grito territorial. Manuel tambaleó un poco, pero no interrumpió el beso. Anabella remató el saludo con dos ¡muak! en la mejilla de Manuel y, ahí sí, miró a Javier. —¡Hola! —dijo con una mirada que viajaba en el tiempo, hasta la infancia en la casa de los abuelos. —Tú eres el españolito. —Español, sólo el pasaporte. Nadie me ha llamado así en... ¿doce, trece años? ¡Hola! —Bueno, sigan. —ordenó Anabella con un gesto que mutó de "Bienvenido" para Manuel a "Prosiga con cuidado" para Javier. —Voy a llevar los maletines al sótano, ¿okay? Por favor, sírvenos alguito de tomar, Bee. Los zapatos por aquí, Javier… Y siéntate. Cuando Anabella trajo en una bandeja tres vasos de Coca-Cola con hielo, Javier ...

Tiamat

 EL DRAGÓN SE DESPIERTA, UNA CABEZA A LA VEZ, EN LA CIMA DE NIEVE El dragón se despierta, una cabeza a la vez, en la cima de nieve, Bajo el número cinco en nomenclatura romana que forman los grifos en bandada, Cada una de sus cinco cabezas recorre los puntos cardinales y el zenit, Las alas negadas al abrazo. Desde ellas, solo, destila ambición por lo inerte. Una sombra que busca brillos fríos y solitarios.  Imposible juntarlos, mezclarlos. Una vez que los cerca, nadie los codicia más, para nadie más brillan.  Metales nobles y piedras hermosas, muertos sin haber vivido, sin valor. Ninguna mano humana debe  devolverles el calor. (Ejercicio de imitación, partiendo de LA VACA SE ACUESTA SOLA EN MEDIO DE LA PAMPA de Roberta Iannamico.)

Mamushkas

1. Para salir en el invierno canadiense es necesario convertirse en una Mamushka: una mujer dentro de una mujer, dentro de una mujer, dentro de una mujer y otra mujer. La mujer más íntima es la de la ropa interior, brasier y panties, anda así en el cuarto de baño o en la habitación. Para cruzar otros espacios se pone Tank Top, Long Johns y medias, así puede aventurarse por el resto de la casa. Para salir a la puerta a recoger el correo, a cualquier temperatura bajo cero grados centígrados, se pone el top de cuello tortuga o la blusa de manga larga, pantalones y botas de invierno. Para cruzar el antejardín necesita además una hoodie y guantes. Si la salida es a caminar a -5°C, a -10, a -18, a -27 o menos, la mujer hermética precisa, además, bufanda, gorro y parka. 2. ¿Cómo nombrar a una Mamushka? Asusta la cuestión. ¿A quién dar nombre? ¿A cada mujer? ¿A todas? ¿Debe un nombre cubrir todas las mujeres? ¿O cada mujer debe descubrir el nombre de todas juntas? Dejar que una proporción fa...

Mientras yo no hice nada

Hoy no he hecho nada Pero muchas cosas se hicieron en mí * Se levantaron y se inventaron Se engendraron y se urdieron Simularon, fingieron ser Fueron Y se fueron Mientras yo no hice nada Intraducibles versiones del dolor hablaron y se hicieron ecos que resonaron en mis esquinas Espléndidos muros de dudas se dejaron ver Ternuras precarias se ordenaron en racimitos irregulares, engañosos Deslumbrantes crepitaciones de la memoria se ahogaron y respiraron de nuevo, llenándome de volutas tóxicas Se deshicieron, me abandonaron Y me dejaron ser (*) Poema 52 de Roberto Juarroz