Anabella y Javier: El cuarto de Anabella


ANABELLA Y JAVIER
CALGARY, AB, 1998

EL CUARTO DE ANABELLA

Mientras juegan a encestar en la cancha de baloncesto, Anabella y Javier no dejan de acecharse el uno al otro. Escrutinan sus cuerpos para ver qué apetece Manuel en ellos. Javier se siente aturdido al darse cuenta de que estos primos parecen hermanos. Podría decirse que Anabella es la versión femenina de Manuel o él la versión masculina de ella. Comienza a fantasear la aventura de buscar rastros de Manuel en su boca. El beso de Anabella que Manuel respondió, él lo quiere recuperar. Y quiere visitar los lugares de ella que Manuel ha reclamado, quiere tocar, lamer, morder, pellizcar, penetrar, acoger, humedecer todo lo que Manuel ha conocido en ella. Y Anabella tiene un deseo paralelo de descubrir qué hace Manuel con el cuerpo de un hombre, de un hombre que Manuel no puede considerar como una versión de sí mismo.

—Vení. —dice Anabella. —Devolvámonos.

En la cocina, Anabella toma agua muy rápido y la derrama sobre su camiseta. Javier sigue pensando en recolectar ese beso que vio en la mañana y lame el agua derramada en la cara de Anabella y entra en esa boca para buscar a Manuel y lo sigue buscando hasta la cama de Anabella y ahora son ella y Javier un equipo de rescate con el mismo objetivo. Cada uno cree tener un mapa que va a llevarlos a Manuel y atraviesan tramos con los ojos cerrados para no dañar la ensoñación, pero se extravían y se encuentran con relieves insospechados y accidentes para los que no estaban preparados, que los obligan a mirarse, a verse. Sus movimientos, sus estiramientos y contracciones, sus ángulos, no son los mismos de estar con Manuel. 

La caja de TROJAN BareSkin vacía le anuncia a Javier que, aunque esa no era su meta, ha llegado a donde debía llegar. Anabella quiere sentirse culpable de no encontrar a Manuel, pero no lo logra. Siente que se rompió el espejo y que era necesario que así fuera. Y le pide a Javier que haga algo que termine de una vez por todas con el espejo.

—Bañémonos —suplica, dándole dos palmadas en el pecho a Javier. —Juntos.



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