INVENTARIOS DE LANA I

[Viene de Lana y Manuel: la sala de recuperación]

INVENTARIOS DE LANA (2005)

Cuaderno de reacciones a The Pillow Book of Sei Shônagon

“5. Diferentes formas de hablar”

Sei Shônagon considera propio de la gente del común agregar sílabas.

Manuel abusa de los diminutivos, es decir, agrega sílabas, y eso lo hace menos común entre la gente que quiero. Me costó acostumbrarme, pero ya no recuerdo cuándo dejé de corregirlo en mi mente.

Si considero la expresión “diferentes formas de hablar” como las lenguas, en este diario de reacciones va bien una anécdota.

El otro día, Marietta estuvo en nuestro almuerzo familiar y la escuché hablando italiano con Mamá Rosa, a escondidas. Yo no sabía que mi abuela hablaba italiano. Cuando le pregunté a Joseph por esto, me reveló un secreto. Las veces que los almuerzos familiares no son los sábados debido a los viajes de la abuela con sus amigas, en realidad va a visitar a Ippolito, el amor de su vida. Y yo que pensaba que mi abuela no necesitaba un hombre a su edad. 

“13. Cosas deprimentes”

Sei Shônagon enlista casos de equivocaciones, pérdidas, engaños, decepciones, desilusiones, etc. 

Lo más deprimente en mi vida fue darme cuenta de que:

Joseph nunca me prohibió hablar con Yvonne, sino de Yvonne y yo no entendí la diferencia. 

Joseph habla regularmente con Yvonne. Por consiguiente, ella sabe mucho de mí, más de lo que yo quisiera que supiera.

Yvonne le pidió a Joseph que no me animara a hablar con ella, que dejara que yo me acercara cuando fuera mi momento, incluso si eso no llegaba nunca. En eso, él no fue tan confiable: hizo bastantes cosas para ver si yo le pedía que la viéramos, pero yo no entendí ninguna de ellas, ni siquiera como una adulta de 30 años, lo noté. Qué patética fui.

Joseph sí escucha a las mujeres y sabe guardar secretos. Eso yo sí lo intuía, las mujeres no sólo lo buscan por ser apuesto. Como buen músico, ha desarrollado muy bien el oído.

Las acuarelas de mariposas y hojas que Cassandra y Margret me regalaron las pintó Yvonne. Ella le da clases de acuarela a Clarisse.

Una de las adicciones de Yvonne era robar libros. Por eso yo tenía tantos en su casa cuando era pequeña. Con ellos, ella intentaba compensar la ausencia de televisión en casa. También creo que tenía que ver con que muchas ilustraciones fueran en acuarela.

Los libros de autoras afroamericanas que le presté a William sin haber leído (esos sí eran nuevos) fueron regalos de Yvonne que me envió a través de Cassandra y Margret. Como muchas otras cosas que me han mandado.

Yvonne es compañera de trabajo de Margret, pero trabaja en catalogación. No es el tipo de persona para atender a los usuarios de la biblioteca. Y pudo haber expurgado un libro o dos innecesariamente sólo para hacerlo llegar a mí.

Darme cuenta de todo esto me hizo sentir el ser más patético de este mundo. Sin Manuel, yo no hubiera sabido cómo lidiar con tanta herida, con tanto dolor, con tanto arrepentimiento, con tanta vergüenza.

“14. Cosas odiosas”

Sei Shônagon encuentra odioso a un ignorante que pontifica sobre lo que no sabe. 

Gente así abunda y, según Manuel, hoy ese sesgo cognitivo se conoce como el efecto Dunning-Kruger. Pero ante la palabra odioso, como digno de odio, yo me encuentro odiando a una mujer que se negó a ver a su hijo que vive fuera del país y que la sigue queriendo aunque ella lo rechace. Y no la odio por seguirle la corriente a Manuel y Anabella. Javier es uno de los mejores seres humanos que conozco. Se merece una familia mejor. Y la tiene.

“32. Cosas inapropiadas”

Sei Shônagon dice que es reprobable una mujer de cierta edad con un hombre joven. 

¿Por qué nunca se considera reprobable la situación contraria? ¿Alguien encontró reprobable que Alberto saliera conmigo, siendo yo doce años menor que él? Yo no le encuentro nada reprobable a Marietta, que es doce años mayor que Joseph. Ni siquiera que se negara a casarse con él. Lo que encuentro inapropiado es que Joseph sólo le propusiera matrimonio cuando ella parecía entusiasmada con un hombre más joven que él. Ninguno de los dos resistiría el matrimonio. Han estado tanto tiempo juntos, precisamente porque no se han casado.

“57. Cosas espléndidas”

Sei Shônagon habla de ropa y personas vestidas con elegancia. 

A mí me parecen espléndidas las camisetas negras con diseños de hojas y flores que Lucía dibuja con hipoclorito de sodio.

“62. Cosas molestas”

Sei Shônagon encuentra molesto el darse cuenta de un error después de haber enviado una misiva.

Me molesta que la gente llame “disco” a una canción. “El disco de la feria”. Qué horror. Excepto cuando lo dice Manuel.

“63. Cosas embarazosas”

Sei Shônagon propone como embarazoso el caso de un marido negligente que se encuentra con su suegro en un lugar público. 

Para mí fue un poco embarazoso encontrarme en el aeropuerto con Alberto y su compañera alemana, quien cargaba a una niña que claramente no comparte su material genético. La niña podría parecer hija mía. En realidad, lo embarazoso fue la risa de Joseph y mi incompetencia para explicarles a Manuel y a Marietta esa risa.

“64. Cosas sorprendentes y perturbadoras”

Sei Shônagon habla de eventos de mal augurio.

Sorprendente y perturbador fue descubrir que Juanita, la cuidadora de Lucía, llegó a su familia siendo menor de edad. En un viaje por carretera a Nariño, la familia de Manuel y Lucía durmió en una posada. A la mañana siguiente, Juana les preguntó si podían llevarla a Cali como su empleada, y ellos dijeron que sí. Pero nunca hablaron con los padres de la chica. Ella tenía la misma edad que Manuel: quince años. Puede que hubiera una buena intención, rescatarla de una familia abusiva, pero ¿no fue eso el rapto de una menor? 

“79. Cosas vergonzosas”

Sei Shônagon reprocha como vergonzoso abandonar a una mujer embarazada, cuando no tiene los medios para criar.

Lorenzo intentó abandonar a una joven a la que había embarazado, pero mi tío Álvaro lo obligó a responder por el niño. Puso a Joseph como modelo de persona que enmienda sus errores y se hace cargo de su hija. Pero mi papá tenía 16 años cuando nací y 27 cuando se hizo cargo de mí, Lorenzo tenía 28 cuando engendró a Juan Pablo. Qué vergüenza. Qué patético. Siempre he admirado que mi tío quiera romper el estereotipo del hombre negro como negligente y desentendido de sus hijos. 

“81. Cosas desagradables”

Sei Shônagon encuentra desagradable no poder llorar cuando quiere y llorar cuando quiere reírse.

Yo encuentro desagradable darme cuenta de que en clase les estoy prestando más atención a los que no necesitan mi ayuda, a los buenos estudiantes, solo porque es más fácil trabajar con ellos. Entre desagradable y deprimente. Simplemente patético.

“97. Cosas que dan una sensación de limpieza”

S.S.: el reflejo de la luz en el agua que se vierte.

Los aguaceros de Cali que lavan las ventanas.

“98. Cosas que producen una sensación de suciedad”

Ver a niños moqueando es repulsivo para Sei Shônagon.

Las cafeterías escolares después del almuerzo. Los baños de hombres de los estudiantes. Los salones de clase al terminar la jornada escolar. Los colegios después de una celebración en la que además de los estudiantes, estuvieron sus familias.

“99. Cosas encantadoras”

Para Sei Shônagon, las cosas diminutas son encantadoras.

Los animalitos de origami que hacen Lucía y Manuel.

“100. Cosas presuntuosas”

Sei Shônagon menciona niños que quieren llamar la atención sin mérito para alcanzarlo.

Si ella cuenta personas como cosas, yo también: mi primo Lorenzo.

“104. Cosas que una se apresura a ver u oír”

Para S.S., el sexo de un recién nacido, niño o niña.

Cada novedad sobre la transición de género de una amiga querida.

“109. Cosas que aunque próximas están distantes”

S.S. alude a las malas relaciones familiares.

Lana Yvonne Walker-Castillo. El lazo de sangre con Yvonne y tener su nombre dentro de mi nombre no nos hacen cercanas.

“110. Cosas que aunque lejanas son próximas”

Cito: “Las relaciones entre un hombre y una mujer”.

La idea de que Cassandra y Margret son como otras madres para mí.

“121. Cosas dignas de verse”

S.S.: festivales, rituales, paisajes, etc.

Margret es digna de verse como una mujer. Ha valido la pena que ella pueda verse a sí misma y que otros podamos verla tal como es. 

“126. Cosas que deberían ser de gran tamaño”

S.S. Gente temperante, comida, albergue y elementos de escritura.

Mi gratitud por mi abuela. Darme cuenta de que sacrifica su vida de pareja para mantener a nuestra familia unida me hace sentir egoísta. Yo no sé si yo puedo llegar a ser ese tipo de madre algún día. Pero también pienso que ya mi tío Álvaro está grande para entender ciertas cosas y que mi abuela no debería esconder más a su amante, al fin y al cabo, ella es soltera. El problema es que sería desastroso para la unión familiar que mi tío se enterara de que mi papá conocía el secreto de Mamá Rosa. 

“127. Cosas que deberían ser reducidas”

Le he tolerado muchas cosas a Sei Shônagon, pero esta no: “La conversación de una chica.” Tampoco soporto su fijación por el pelo de las demás mujeres.

Mi curiosidad por conocer a Ippolito. Y todo acerca de Ippolito.

“148. Cosas agradables”

S.S.: libros con historias nuevas, la segunda parte de una buena historia, aunque sea mala.

Descubrir un dato nuevo de mis amigas. Margret me envió The Merlin Conspiracy, la secuela de Deep Secret, mi segunda novela favorita de Diana Wynne Jones. Y pues, sí, no es tan buena, pero la disfruté porque vino con una revelación tardía: Nick es el adolescente favorito de Margret desde Deep Secret, porque ella nació en Bristol. Se queja de no haber sido suficientemente inteligente para crear Bristolia, el juego que descubre la naturaleza mágica de su ciudad.  Eso de sentirse menos inteligente que un adolescente ficticio ya es el colmo de su feminidad. ¿El efecto secundario no deseado de la terapia hormonal? Ahora, con la secuela de la novela, lo quiere más por haber descubierto que puede usar su magia mejor por fuera de las estructuras de control social y político. Totalmente entendible que se identifique con un joven capaz de renunciar a sus privilegios de nacimiento para ser libre.


*    *    *

N.B.: Un cuaderno o diario de reacciones a una novela puede ser una actividad de lectura reflexiva. Lo pensaré como una consigna de trabajo para mis estudiantes de décimo.




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