FRAGMENTOS DE DIARIOS DE LANA (PARTE II)

[Viene de Lana: la casa de Marietta]

FRAGMENTOS DE DIARIOS DE LANA (1993-2001)

[1993] Agenda permanente de papel crema, con forro de cuero negro.

*

Leí una columna de opinión del padre Gallo titulada “¡Urgente! Hablan los niños: para ellos el mejor regalo es la unión de los padres”. Ya no soy niña y nunca quise la unión de mis padres porque nunca los vi juntos, ni siquiera en una foto, pero el tema me quedó dando vueltas en la cabeza. Yvonne es una mujer solitaria y Joseph es muy sociable. Incluso si el padre de Joseph no los hubiera separado, no creo que hubieran durado mucho. ¿Qué hace a una pareja compatible? A Joseph nunca le insistí en por qué tuvo una relación con Yvonne. La razón que me dio cuando nos conocimos me parece patética y creo que no es la verdadera, pero como nunca hablamos de su infancia, no me atrevo a preguntar. Es ante esos secretos que lo veo como un padre. El resto del tiempo ¿no es más bien un hermano mayor?

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Joseph me preguntó si William me había invitado al cine y le dije que no. ¿Por qué tendría que esperar a que él me invite? Yo también lo puedo invitar. Vi en el periódico que Bram Stoker's Dracula está en Imbanaco y en Bolívar. Lo voy a invitar a ver la película en el Bolívar, porque podemos ir primero a ver libros en el centro y, después de la película, es posible que podamos colarnos a ver un ensayo de Joseph.

*

Supe que William y yo seríamos compatibles desde la primera vez que lo vi, con un libro de poesía abierto, al fondo del salón de clase. No se ha cortado el pelo en meses y esta semana que lo miré, me dio la impresión de que si se lo dejara crecer, se vería súper sexy. Creo que cuando deje de ser virgen, será un lobo feroz. Es una corazonada que por ahora no tiene fundamento. Yo no quiero ser Caperucita Roja. Yo quiero ser la que vuelva feroz al lobo.

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Prince of Tides en La Tertulia esta noche. William dijo que sí. Dice que sí a todo. Si yo fuera superhéroe, él sería my sidekick

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Príncipe de las mareas. Esta película me hizo pensar en cuando Joseph me pidió que no hablara de Yvonne delante de la familia. Nunca le pregunté cuándo levantaría la prohibición. Ahora no estoy segura de que fuera una prohibición, pero él y yo tampoco hablamos de ella.

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The Bodyguard en San Fernando (con William). Whitney Houston. Qué voz.

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“Niños con el vicio de leer” era el titular de una nota en el periódico sobre las nuevas colecciones de libros infantiles de Norma. Yo era una niña viciosa. ¿Por qué se siente tan feo ese titular? Al menos algo en común teníamos mi madre y yo. A ella también le gustaba leer. El único vicio compartido. Ya llevo un semestre en la universidad pública y ese sigue siendo mi único vicio.

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Impromptu en La Tertulia. ¿Con William o con Joseph? Si Joseph puede, pues con él.

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Robo de niños en Cali. Niños concebidos, nacidos para la venta. Niños arrebatados. Niños prostituidos. Niños como cosas que pasan de mano en mano. Yo también pasé de mano en mano, pero nunca me sentí cosa, ¿o sí? Y si sí, ¿por qué sí? Y si no, ¿por qué no?

*

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Exterminio de indigentes en Cali. William y yo estamos asistiendo a una clase de literatura y cultura brasileña y estamos leyendo Capitanes de la arena de Jorge Amado. Esta lectura me ha hecho muy sensible a cosas que pasan en la ciudad. Aquí no hay bandas de gamines como las que describe la novela. Eso creo, no sé. No me voy a meter a la olla para comprobarlo. Pero pensar en las personas sin hogar me lleva a imaginarme cómo sería mi vida si yo hubiera nacido en Cali. ¿Quién sería yo? ¿Una niña robada, una indigente, una recicladora, una prostituta, una madre adolescente, una delincuente, una muerta más? 

Leemos la novela juntos, William y yo, pero no puedo contarle nada de estas cosas. Estamos en medio de algo que es más importante que reflexiones tipo What if…?

*

Marietta llamó el sábado para decirme, o mejor, decirnos a Joseph y a mí que se va a quedar otro mes en Italia. This is bliss. Liam and I can keep this haven for a little longer.

*

A Thousand Teardrops - Shadowfax

A Thousand Teardrops - Shadowfa

A Thousand Teardrops - Shadowf

A Thousand Teardrops - Shadow

A Thousand Teardrops - Shado

A Thousand Teardrops - Shad

A Thousand Teardrops - Sha

A Thousand Teardrops - Sh

A Thousand Teardrops - S

A Thousand Teardrops -

A Thousand Teardrops, he escuchado esta canción más de diez veces hoy.

Quiero llorar de tristeza, pero  lo que más siento es vergüenza. Somehow, I feel ashamed of myself.

Esta canción me hace pensar en Liam. I can feel him tormented, all blushed, face down, not looking at me again.

Resultó que yo era su secreto. Como Margret era el secreto de Cassandra. Todo perfecto en un círculo de amigos, pero no donde cuenta más, afuera, frente al mundo.

No sé qué cara tuve cuando Liam se fue, pero el profesor llegó en ese momento. No sé si vio lo que pasó. Espero que no. El profesor me preguntó si necesitaba algo y me invitó a la heladería. Y yo pedí una Copa Nacional y un vaso de agua. Trato de recordar de qué hablamos, pero vuelvo al sentimiento de vergüenza por no haberme dado cuenta de que tenía una relación sin nombre con Liam. “Tenía”. Pretérito imperfecto. Aunque todo me parecía tan perfecto. Debí recordar que tanta felicidad debe leerse con cautela porque puede ser el indicio de un final.

Le hice daño.

Dejé que le hicieran daño.

Qué vergüenza.

Y qué dolor.

Twelve Thousand Teardrops.

And counting.


[1993] Cuaderno cosido Norma, forrado en papelillo estampado con flores pálidas, rosadas y blancas.

Tengo que ir al servicio de salud de la universidad. O a Profamilia. Este profesor is too horny. Cuando vemos películas y yo hablo, me calla dándome besos y terminamos haciendo película, en vez de ver películas.

*

El profesor me preguntó si yo había vuelto a ver a mi amigo, que si había resuelto cosas con él. Le contesté que no nos vemos desde el final del semestre pasado, que fue el día que nos separamos o el día que sus padres se lo llevaron. Me dijo que era importante que hablara con él, que le diera un cierre al asunto. No entendí a qué se refiere con un cierre. ¿Estará pensando en algo como inicio, nudo y desenlace? Pues, desenlace es lo que ocurrió, ya William y yo no tenemos lazo alguno. Ni siquiera somos estudiantes del mismo programa. Él no volvió a la universidad.


[1994]

La semana pasada el profesor invitó a una pareja de amigos a su apartamento. Mientras estaba en la cocina con su colega, encargándose de la tabla de quesos, el pan y el vino, el tipo (Alberto se llama y tiene unas manos hermosas) le preguntó si ya podía ver películas conmigo. Y él le contestó que sí, que ya me había quitado ese mal. Ya entendí. Con los besos durante las películas me estaba domesticando. Lo que no entiendo es si esa manera de domesticarme es de Eduardo porque es Eduardo o porque es profesor. 

En todo caso, ver a estos dos hombres saliendo con estudiantes me hizo pensar en Jane Eyre. Ese tipo de relación entre un hombre con mucho mundo, con mucha experiencia y una niñita ñoña. La asimetría me molestó un poco.

P.S.: La chica que llegó con el otro profe, creo que está interesada más en Eduardo que en su cita. Me pregunto si debo sentir celos y me respondo que no y no los siento, porque esta es otra relación sin nombre. Y no quiero que tenga. Yo no quiero que Eduardo me presente como su amiga o su novia. Nunca lo ha hecho. Siempre me presenta con nombre y apellido, Lana Walker, como si eso explicara quién soy. Está bien así.

*

El fin de semana pasado cada uno anduvo por separado y Eduardo me llamó el domingo por la noche para preguntarme qué había hecho durante el día. Le di una respuesta vaga. Él me dio una lista de sus actividades y repitió la pregunta por lo que yo había hecho. Me molestó la insistencia y cambié de tema. Estar en una relación sin nombre, ¿no se supone que quita del lenguaje ese tipo de preguntas que son indicios de posesión, de control? Yo no quiero que Eduardo me pregunte qué hago ni con quién.

*

Bueno, ya se aclararon las cosas. Eduardo me dijo que también está viendo a Paula, la muchacha que antes salía con el profesor Alberto. Creo que me está probando. Como dice Cassandra que hacen los hombres, al estilo de Mr. Rochester y Mr. Rivers. No sé qué esperaba que le dijera. Le pregunté si ya no nos íbamos a ver más y me dijo que quería seguir viéndome. Yo le dije que no tenía problema siempre y cuando Paula también tuviera claro que no era un relevo, sino que él tenía dos relaciones simultáneas.

*

Paula está embarazada y Eduardo me preguntó si podíamos seguir saliendo, aun sabiendo que ese bebé existe. Le pregunté si piensa casarse con Paula y dijo que no, pero que él responde por el bebé. Sólo ahí caí en cuenta de que Eduardo no sabe nada de mi infancia. Pero no justifiqué mi negativa a seguir viéndonos con esas confesiones fuera de lugar.

Eduardo es como el papá de Joseph, una sola mujer no le basta. No sé cómo vivió eso la mamá de Joseph, pero sé que Mamá Rosa sufrió mucho. Se supone que el papá de Joseph tuvo otros hijos por fuera del matrimonio, pero el único que trajo a casa y que Mamá Rosa aceptó fue Joseph.

Pensándolo mejor, Eduardo es como Joseph porque él es en eso como su papá. No vive con la mamá de su hija y sale con varias mujeres al tiempo, pero a todas les cuenta de mí y no se compromete con ninguna.

Me pregunto: si yo tuviera un hijo, ¿sería así de perro? Y si tuviera una hija, ¿sería como mis abuelas y como yo, una mujer que acepta ser la otra mujer? Eso no va a pasar. Yo no quiero hijos ni ahora ni nunca. Voy a ser maestra y veré a todos mis estudiantes como mis hijos. Hijos con un horario que no interfiera con mi vida privada.

P.S.:Pensé en el cuento de Lorrie Moore, "How to Be an Other Woman". Yo también tengo los zapatos en los pies contrarios. Estoy segura de que nunca seré la mujer sin zapatos, pero ¿alguna vez seré la mujer con los zapatos bien puestos?

*

Me vi de nuevo con Eduardo para darle cierre a la relación y él me dijo un montón de cosas que me sorprendieron.

Lo primero que dijo es que había empezado a salir con Paula porque ella era tierna. No sabía que Eduardo necesitara ternura. Ni siquiera sé qué entiende él por ternura. Lo siguiente que dijo me sorprendió más. Y es que Paula lo hacía sentir paternal, como alguien que podía cuidar de una persona que necesitaba protección y guía. Y que Paula se dejaba enseñar.

Are you kidding me? Are you fucking someone you see as your daughter or your student? Como Eduardo enseña en otra facultad y no es mi profesor, nunca me sentí como su alumna ni como alguien que estuviera aprendiendo de él. ¿Eso es lo que quería? ¿Sentir ese tipo de superioridad que le da saber más que sus estudiantes? That’s baffling! And pathetic.

Para hacer las cosas más extrañas, me dijo que él me veía como su igual y que eso lo desconcertaba. ¿Cómo igual, si yo todavía soy estudiante de la universidad? (Cuando Mr. Rochester le dice a Jane Eyre que ella es su igual, se siente romántico, aquí fue gótico.)

Luego dijo que la única ventaja que sentía sobre mí es que él sí había leído literatura rusa y yo no. Y eso me hizo perderle el respeto que le tenía. Porque es cierto que yo he leído muchas cosas, pero no es que tenga nada importante que decir de lo que leo. Yo puedo citar, comparar escenas, episodios, diciendo esto es como cuando en tal novela, tal cuento pasa esto o aquello. Pero yo soy incapaz de tener un pensamiento propio a partir de eso. Y si él no se dio cuenta de lo limitado de mi intelecto, él no es tan inteligente como yo creía. (Mr. Rochester sabe escudriñar más.)

Encima de todo, se atrevió a decirme que él sólo se animó a invitarme el día que William se fue porque me vio vulnerable. Yo creo que uno debe ser honesto y claro en la relación, pero eso es algo que Eduardo debió callarse. Yo hubiera preferido no saberlo. (Mr. Rochester, al menos sabe lo que debe callar.)

Así, las cosas, cuando intentó tocarme para estar conmigo una última vez, lo único que pude sentir fue rabia. Y no pasó nada. (Como cuando Jane Eyre deja a Mr. Rochester.) Pero sí pasó algo: el desenlace. Ya no hay ningún lazo entre nosotros, pero ahora que lo pienso, no sé si alguna vez lo hubo. Estoy segura de que yo no volvería con él. No soy Jane Eyre. No hay un hilo invisible que me conecte con Eduardo.

*

Leí The Professor, la obra póstuma de Charlotte Brontë que alguna vez Cassandra me recomendó, y ahora creo entender a Eduardo. Debe ser reafirmante para un hombre (solitario como William Crimsworth o inseguro como Eduardo) tener la atención, el interés y la devoción de una estudiante que se deja enseñar y corregir, como Frances. Si Paula es así, pues están más que hechos el uno para el otro. Yo no tengo a William Crimsworth en alta estima y a Eduardo tampoco. 

Y estoy de acuerdo con Cassandra: Huntingdon debe estar enamorado de William. Pensándolo mejor, no es enamoramiento, es amor. Sólo así se explica que sepa tanto de él antes de presentarse, que le consiga trabajo, que hable de él en reuniones en las que nadie lo recuerda, que lo mande a seguir en Bruselas, que compre en una subasta el cuadro de su madre, que le dé puños después de que William le presenta a Frances, su prometida, y que la critique sin delicadeza y se pelee con ella; que les envíe estudiantes recomendados al internado que fundan en Bruselas y le indique en qué invertir para poderse devolver a Inglaterra a vivir de la renta, al lado de la propiedad de la familia Huntingdon. Y lo peor, que ande con el hijo de William y Frances por ahí, como si fuera suyo. Hay más que amistad en todo eso. 

Como dice Mamá Rosa, cuando la limosna es grande, hasta el santo sospecha. O algo así. Yo, de William Crimsworth, también tendría reservas sobre Huntingdon. Más que un amigo, es un acosador.


[1995] Diario de hojas crema, cubierta de cuero con mapa antiguo pirograbado, guardas de vino tinto.

Alberto me pidió que lo acompañara a comprar un regalo para el bebé de Eduardo y Paula. Según él, le había preguntado a Eduardo cómo iban los preparativos y él había dicho que no habían empezado. No sé en qué parte de mi cara vio que yo sé cómo escoger tal cosa para esas personas. En realidad, creo que quería probar si yo siento algo aún por Eduardo. Pero yo no sé cómo se puede probar eso con tal invitación. El hecho es que a mí Alberto siempre me ha caído bien y acepté. 

Entonces, en el almuerzo familiar del sábado, les pregunté a Mamá Rosa y a Beatriz qué sería un buen regalo para una amiga primeriza. No dije quién era el papá del bebé. Me dieron información muy valiosa. Mamá Rosa sugirió que comprara algo para mi amiga porque todo el mundo piensa en el bebé y se olvida de la mamá. Beatriz dijo que comprara pañales desechables, muchos, porque se agotaban muy rápido y si mi amiga era estudiante, no podía andar lavando pañales de tela. Mamá Rosa también sugirió comprar pijamas de tallas más grandes, como para 9 meses o 12, porque la ropa de bebé se queda muy rápido. Beatriz insistió en lo práctico: pañitos húmedos, cortaúñas, termómetro, pera de succión para los mocos, cepillo de dientes. ¿Cepillo de dientes?

En la tarde, Alberto y yo fuimos a La 14 de Cosmocentro a mirar las cosas. A mirar. Mi plan, como le dije, era primero hablar con Paula para saber qué necesitaba. La llamé y dijo que todo, porque no ha tenido tiempo de pensar en nada. 36 semanas y no tiene nada. El plan entonces se volvió hacer una lista de lo que nos llamaba la atención y anotar los precios. Luego, decidir qué comprábamos. 

Yo creo que esa era también la primera vez que Alberto estaba en una tienda de bebés. Todo nos parecía novedoso y nos reímos de muchas cosas. Cuando yo estaba mirando las bombas de lactancia, me pareció que él miraba mis senos y me toqué a mí misma y pregunté en voz alta cómo se sentirá la leche al salir. Y él me miró a la cara sin parpadear y sin decir nada, por lo que se sintió como una eternidad. Finalmente tragó saliva y dijo Voy a mirar ropa de bebé. 

Al rato me acerqué y él me preguntó que qué compraría si el bebé fuera mío. Yo le dije que nunca tendría un hijo con Eduardo. Y le devolví la pregunta y él dijo que él nunca tendría un hijo con Paula. Yo intuía eso porque desde que los vi sentía que no eran realmente una pareja. Hablando de relaciones sin nombre, esa sí que era una. 

Él preguntó ¿Y qué tal si fuera tu hijo conmigo? Y yo dije ¿Cómo voy a tener un hijo contigo si ni siquiera me has tomado la mano? y le di la espalda. Entonces, él me abrazó por la espalda y tomó mis manos e hizo un diamante sobre mi vientre con nuestras manos juntas y recordé la foto con Cassandra. Y me dijo al oído Eso ya cambió. Los senos me hormiguearon y sentí que me estaba calentando por todas partes. Volví la cabeza y nos besamos. No fue muy cómodo, entonces, me solté de sus manos para verlo de frente y no pude evitarlo, No dejes de tocarme así, le dije, y le toqué la cara, esa barba tan bien cuidada, y lo besé con unas ganas que llevaban meses. 

Me preguntó ¿Adónde quieres ir? y le dije Contigo, donde quieras. Y él me dijo Tenemos que ir a la droguería, no tengo preservativos en casa. Además, tú decides cuáles te gustan. Pero lo dejé escoger y fuimos a su apartamento y ha sido el mejor sexo de mi vida. No creo que Alberto pueda superarse a sí mismo.

*

Alberto me invitó a una de sus clases. Me dijo que quería escuchar mi opinión. Es en el horario de una de mis electivas, entonces falté a mi clase para ir a la suya. Llegamos al salón 10 minutos antes y él organizó las mesas para que hubiera una mesa redonda. Tenía dos sobres de manila con fotocopias de exámenes. Los de la semana anterior y los de la sesión de hoy. Faltando cinco minutos, ya casi el salón estaba lleno. Cada estudiante que llegaba recibía su examen de la semana anterior. Tenían hasta cinco minutos de la clase para revisarlo, para leer los comentarios que Alberto les había escrito. Y sí les había hecho anotaciones. Como un párrafo a cada uno. ¿Qué decían los comentarios? No sé, pero los estudiantes los leían con mucha atención. 

A los cinco minutos de clase, los estudiantes que estaban más lejos empezaban a pasar su examen al compañero que estaba más cerca del profesor. Y cuando todos los exámenes estaban de vuelta en la mano de Alberto, él les pasó una tanda de exámenes nuevos a cada estudiante de los extremos. Y los empezaron a pasar rápidamente hasta que todos tenían una copia. Esto en absoluto silencio. Parecía una obra de teatro. Diez minutos, dijo Alberto y cada estudiante empezó a responder. 

Había temas para escoger, Tema A: dos preguntas fijas y una opcional, Tema B: otras dos preguntas fijas y una opcional. Los estudiantes tenían que seleccionar el tema haciendo un círculo en la A o la B. Sólo hubo un estudiante que no escribió nada y Alberto se acercó a él y lo llevó hasta la puerta del salón. Al preguntarle sobre el examen, el estudiante le dijo que tenía dinero para el transporte, pero no para las fotocopias, y que prefería asistir a la clase, así no hubiera leído, y Alberto le dijo que hablarían de eso al finalizar la sesión. 

Apenas dijo Ya es hora, empezó de nuevo el ritual de paso de hojas. Y una vez recogidos los exámenes, Alberto saludó a todos, preguntándoles cómo iba la semana y luego dijo, ya que todos leímos los textos asignados, podemos tener una conversación. Todos tienen algo que decir. Y de verdad tuvieron una conversación de la que fueron saliendo esquemas que Alberto puso en el tablero. Pero después me di cuenta de que él ya tenía los esquemas en hojas sueltas. Lo que hacía era llevar a los estudiantes a que reconstruyeran lo que él ya había planeado. Mind-blowing! 

En algún momento le pregunté a una estudiante si les gustaba esa clase y ella dijo que era la mejor, que era difícil, pero que era la clase en la que más había aprendido porque tenían que enterarse de datos históricos que en esta época no parecen relevantes, pero muchas veces aún lo son. Conversar sabiendo de qué se habla lo hace sentir a uno inteligente, dijo, y me contó que una vez no leyó y se arrepintió tanto de no tener nada interesante que decir que ahora prioriza esta clase. Otro estudiante dijo que Alberto es el mejor. Y me di cuenta de que es querido igual por hombres que por mujeres. De repente, un silencio. Alberto me estaba mirando con ese gesto de no me los distraigas.

Al estudiante que no había leído, le dijo que era necesario que hablara en clase, basándose en las lecturas. Le regaló las fotocopias de la semana siguiente, pero le dijo que tenía que buscarse la manera de leer antes de cada clase, quizás haciendo acuerdos con los compañeros. Y me incluyó en la conversación. Entonces, yo le dije al muchacho que si él no era el único con ese problema, podrían organizar un grupo de estudio en el que varios estudiantes leyeran al tiempo para llegar informados a la clase. O que se rotaran las fotocopias durante la semana antes de llegar, que hicieran un cronograma para administrar el recurso precioso de las lecturas de filosofía medieval, como un préstamo de la sección de reserva en la biblioteca. ¿Si ve? Ya le solucionaron el problema, dijo sonriendo, y el muchacho quedó tranquilo y agradecido.

Cuéntame lo bueno, lo malo y lo feo, me dijo, y yo le pregunté ¿Por dónde empiezo? De atrás para adelante, respondió. Lo feo está en el tablero: aunque tu caligrafía es legible, a veces te comes letras o te faltan tildes. Y quiso verificar y, como ya he aprendido de profesores, no le mostré dónde sino que lo dejé encontrar los errores. Se veía apenado. ¿Lo malo? Que yo no estoy en esta clase. ¿Lo bueno? Todo lo demás. ¿Me invitaste a esta clase para conquistarme? le dije. Puso cara de sorpresa y dijo: ¡Cómo! Yo pensé que eso ya lo había logrado. 

Salí de la clase con ganas de leer las Cartas de Abelardo y Eloísa y el comentario de Etienne Gilson.

¿Qué puedo decir acerca de Alberto, excepto que cada día lo admiro más? Hay algo que lo conecta con mis amigas, Casandra y Margret: ese pensar en los estudiantes, en los jóvenes con dificultades, y en crear un ambiente de enseñanza que les dé a todos una voz. Me encanta.

*

Abelardo le cuenta la historia de sus calamidades a un amigo para consolarlo y Eloísa intercepta la correspondencia. Ella, desde el convento donde se recluyó tras la muerte de su hijo, lo sigue amando aunque a él lo hayan castrado. Que él la mande a buscar refugio en Dios me parece patético. ¿Puede el amor sobrevivir la falta de contacto sensual? ¿Qué se sentiría perder un hijo del hombre amado que ya no puede engendrar? Seguiré leyendo para ver cómo los amantes llevan la separación.


[1996] Cuaderno A6 de argollas naranjadas, con cubierta plástica translúcida y rayas en dos tonos de naranjado. 

La tercera es la vencida. Esta vez sí, de verdad, mi papá vendió el apartamento de Chicago y con el dinero quiere abrir un jazz bar. Me dijo que me podía ayudar a empezar a pagar un apartamento para mí o un carro. Lo que yo prefiera. Yo dije que apartamento.

*

¿Para qué vas a sacar apartamento? Me preguntó Alberto. Si no quieres vivir más con tu papá, vente a vivir conmigo, me dijo. Y me emocioné. Pero luego pensé que tal vez no es tan buena idea, porque yo tengo muchos libros que no voy a poder llevar al apartamento de Alberto. Muchos de mis libros son descartados de bibliotecas, los que recibí de Cassandra y de Margret,  o de segunda, como los que compré con William cuando nos íbamos al centro a brujear en la Librería Atenas o en Santa Rosa. Y a Alberto eso de tener “libros leídos” no le gusta. 

Recordé que una vez Eduardo dijo que él no se casaba o traía a vivir a nadie a su casa, porque eso implicaba mover una biblioteca y que si la unión no funcionaba después habría pelea por los libros. Y a esto Alberto dijo Buen punto. La mayoría de mis libros están en inglés y en español, la mayoría de los de Alberto están en alemán, francés y español. Juntos tendríamos una buena biblioteca. Por los temas es claro qué es de quién. Pero de todos modos, es posible que uno se encariñe con los libros compartidos o que compremos libros juntos y después no saber qué hacer si las cosas no funcionan. Creo que estoy pensando mucho en eso de si las cosas no funcionan.

No entiendo tu fascinación por los libros de biblioteca. O por los de segunda, me dijo Alberto. Los libros de biblioteca reflejan una política pública, el deseo gubernamental de ofrecer libros a todos los ciudadanos para que alimenten su mente con todo tipo de lecturas. Es un acto que favorece la democracia porque les da la oportunidad a todos de crecer intelectualmente e informarse para tomar mejores decisiones. Dije eso como recitando un manual. Los libros descartados, como los que yo tengo, son los que la gente ignoró. Como cuando uno pasa de conversar con una persona. 

 Los libros de segunda han llegado a esas librerías “de usados” (no me gusta esta expresión para libros) porque alguien no podía o no quería tenerlos. Tienen derecho a un hogar donde haya un lector que los aprecie y los cuide. Esto fue lo que le dije desde mi convicción y él me contestó que yo veía los libros como gente. Así no más. Sin sugerir que mi visión sobre los libros está influida por Fahrenheit 451 u otra ficción, sin un juicio al respecto. Pero me quedé pensando.

Y me di cuenta de que... ¡Oh, qué curioso! Alberto tampoco sabe de dónde vengo yo. Y no sé por dónde empezar a decirle, porque llevamos juntos mucho tiempo como para que yo no se lo haya dicho. Entonces, le dije: Sí, también hay gente que ha llegado a un lugar donde alguien los puede acoger o adoptar, después de que alguien no los ha podido o querido tener. Y es muy noble adoptar a una persona que necesita cuidado y que puede enriquecer tu vida con sus experiencias distintas, como las que nos ofrecen los libros que no hemos leído.

A mí no me interesa adoptar ni los libros de segunda, me dijo Alberto. Yo quiero hijos contigo. No ahora, pero estoy seguro de que quiero hijos míos. Tú sabes eso, ¿verdad? Que yo quiero hijos contigo cuando tenga un doctorado.

Alberto nunca me ha preguntado por mi madre. Él debe pensar que ella murió. ¿Cómo le digo que es una mujer esquizofrénica, que por un tiempo fue drogadicta y no pudo hacerse cargo de mí y perdió mi custodia? Y que yo no tengo ninguna relación con ella, aunque está viva. Y que no quiero tener hijos porque no me gusta lo que puede haber en mis genes.

No sé qué puede ver Alberto en mí para querer que sea la madre de sus hijos. ¿El pasaporte americano? ¿El bilingüismo?¿El bagaje literario? ¿La cultura musical occidental?

Si ese es el caso, creo que le he mentido a Alberto en más que ocultar mi historia con mi madre. Y tengo que admitir que he sido tan hipócrita como mi papá, porque es por esas cosas que les caí bien a los profesores. Por eso he vivido una vida adulta con ellos. Y me ven como muy madura para mi edad. Pero la verdad es que no me conocen. Sí, yo distingo el “Stabat Mater” de Pergolesi del de Dvořák, pero también puedo cantar un bambuco como El regreso quizá mejor que Beatriz Arellano, o una cumbia como El pescador casi tan bien como Totó la Momposina, y eso ellos no lo saben. Haber ocultado eso de mí es como haber negado a mi abuela.

Y sobre la cultura musical occidental, mucha de ella la adquirí viendo películas con mi papá, en ese estilo interrumpido que Eduardo y Alberto aborrecen. La formación de una orquesta la aprendí mientras veía The Mission, porque le pregunté a mi papá por ese instrumento tan bonito que resultó siendo el oboe y él me explicó un montón de cosas del instrumento y dónde va en una orquesta, y después hasta me presentó a una de sus amigas que tocaba el oboe. Y así pasó con otras películas como Amadeus, Impromptu y Farinelli

Creo que a estos profesores les gusta el producto, pero no les interesa el proceso. No quiero ser así. Irme por las ramas, como lo hacía al ver películas con Joseph, me parece un buen método para aprender. Extraño ver películas con papá. And sometimes, I even miss listening to Motown records with him. That music makes him really happy.

*

Alberto quiere hacer un doctorado en Europa y me preguntó si yo iría con él. Iría: condicional simple. Le dije que lo iba a pensar, pero inmediatamente caí en cuenta de que no tengo un título universitario todavía y decidí que primero tenía que graduarme. A él le pareció sensata mi decisión. Lo que intenta no es ir por el doctorado para volver a Colombia, sino quedarse en Europa. Piensa que los dos podemos quedarnos a vivir allá. Se le ha ocurrido que yo puedo hacer un posgrado también.

Yo no estoy muy segura de querer irme con él. Me gusta mi familia. Mi papá y Mamá Rosa. No quiero perderlos. Creo que Alberto poco a poco se va olvidando de preguntarme por lo que yo quiero.

¿Qué quiero? ¿Qué no quiero? Yo no quiero un posgrado en investigación como lo sueña Alberto. Yo quiero ser maestra y acompañar a chicos en esa edad que es tan difícil, en la que uno puede pasar desapercibido cuando necesita más ayuda y compañía. Quiero enseñarles otro idioma para que puedan leer más, conocer más, pensar de otras maneras, tener otras formas de expresarse y crear más. ¿Eso es tan difícil de aceptar?


[1998] Agenda permanente de hojas crema, forrada en cuero vino tinto.

Vine a München para pasar una temporada corta con Alberto y ver si era viable seguir juntos o no. Ya no lo reconozco. Es otra persona. Mientras yo hacía el amor, él hacía otra cosa. ¿Me iba a estrangular? Es indudable que ha tenido otras experiencias por las que yo no pregunto, no quiero saber. Pero ¿quién se cree que es? ¿Althusser? Bueno, no voy a ser yo quien haga de otro filósofo el asesino de su mujer.


[2001] Diario de tapa dura, cubierta plastificada con collage de estampillas.

Alejandra R., una estudiante que tuve en séptimo grado, se acaba de graduar y fue admitida en Loyola University, en Chicago. Estoy muy orgullosa de ella, porque tiene disfemia y esto hace que muchas personas, incluyendo maestros, no le tengan paciencia. A ella cantar o hablar cantadito en clase se le daba en pocos espacios. 

El hecho es que no resistí las ganas de presentar a Alejandra a Cassandra y Margret y le pedí que les llevara regalitos. Les compré joyas de la Platería Ramírez. A cambio, Ale me pidió que cantara una canción para ella en el bar. Me pidió Palabras de amor, de Presuntos implicados. Y me senté con ella en la barra a tomarme un cocktail, porque yo sin calentar no canto.


Yo estaba tan feliz porque iba a presentarles a mis amigas por quienes me hice maestra a mi estudiante más retadora y por tanto la que más quiero. Y me sentí llena de amor. Y canté con ganas. Pero no imaginaba que podía vivir tanto desbordamiento porque mientras cantaba vi, estoy segura de que era él, a William, con dos hombres. Y luego vi entrar a Paula con Eduardo y a Alberto con su compañera alemana. Y me pregunto ¿cuál es la probabilidad de que en una noche, en menos de 10 minutos, veas toda tu historia sentimental reunida en el mismo lugar?




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