El proceso creativo de INSOMNES
Insomnes es el producto narrativo que realicé como trabajo de grado para optar al título de Magíster en Creación Literaria y Narrativas digitales de la Universidad Icesi. Después de mucho pensarlo, resolví aceptar que se trata de una novela. Es un texto que explora, a través de líneas narrativas discontinuas, las historias familiares de Lana y Manuel, dos maestros de bachillerato que adoptan a un niño de diez años. Una edad que tiene una significación muy diferente para cada uno de ellos, según sus experiencias familiares. La mayor parte de la composición son episodios más dialógicos que descriptivos y los capítulos restantes corresponden a piezas de escritura personal como diarios y cartas.
En 2015 tuve la idea germinal de esta historia, Insomnes, como un tríptico. Se me ocurrió reunir, en la primera noche de cohabitación de una familia constituida a través de la adopción, tres anécdotas que conocí en diferentes momentos de mi juventud y en las que vi el potencial de convertirse en relatos.
Yo era estudiante de pregrado en los años noventa cuando escuché la historia de una persona que había estado en el sistema de protección en EE. UU. antes de reunirse con su familia colombiana. Me pareció sorprendente que esta persona, que podría haber optado por ser una víctima de su pasado, nunca lo mencionara. Ese secreto fue mi clave para entender su personalidad efervescente, llena de curiosidad y respeto por las cosas pequeñas y alejada de comportamientos autodestructivos. Sigue en mi corazón como una de las mejores personas que conozco: trabajadora, sensible, creativa, un ser humano excepcional. De esa historia nace Lana, la protagonista de Insomnes.
Algunos años después, escuché la historia perturbadora de unos adolescentes que usaban a un vecino, un chico con síndrome de Down, para darles felaciones, mientras pretendían que jugaban con él. Según la persona que contó la historia, los muchachos se ufanaban de que la mamá les agradeciera que pasaran tiempo con el chico, sin sospechar lo que le obligaban a hacer. En aquella época, deseé que entre esos adolescentes hubiera alguno que se negara a esta vejación. Y como no supe si alguien efectivamente se opuso, decidí crear a quien sí lo hiciera. De ahí salió Manuel.
La tercera historia la escuché en una jornada recreativa con niños y niñas en protección, que estaba a cargo de egresados del ICBF acogidos por la Fundación Formación de Futuros. Conocí a un niño que tenía un semblante sonriente y tranquilo y que no se relacionaba con los demás. Mi compañero y yo nos acercamos para hablar con él y nos contó que no tenía necesidad de integrarse porque estaba en protección por error. Según él, su madre debía estar buscándolo y esperaba que ella lo encontrara pronto. Nos dijo que se había quedado dormido en el bus y que, cuando despertó, su mamá ya no estaba. Aseguraba que los otros niños le repetían que ella lo había abandonado, pero él sabía que su mamá lo quería y que nunca lo abandonaría. La desazón de escuchar la seguridad del niño frente a su caso, cuando yo me debatía entre creer en su convicción y juzgar el asunto como una de las etapas del duelo, aún me acompaña.
Mi intención inicial era reunir estas tres historias bajo la excusa de que ninguno de los tres personajes protagónicos podía dormir en su primera noche como familia. Lana, porque recuerda los hechos que la llevaron a un centro de protección en su ciudad natal; Manuel, porque reconoce que los niños están expuestos a situaciones amenazantes en las que no siempre sus guardianes o parientes podrán protegerlos y un mal recuerdo le echa en cara la impotencia de los adultos frente a muchos peligros que pueden estar en manos de otros niños; José porque rememora cómo perdió a su madre y piensa en qué pudo haber hecho para evitarlo y qué tendría que hacer para no perder a su nueva familia.
Escribí los tres recuerdos, pero el insomnio no parecía un aglutinante lo suficientemente fuerte para una historia que quería darle relevancia a la formación de una familia mediante la adopción.
En los cursos de la Maestría en creación literaria y narrativas digitales, muchas otras cosas se unieron a esta intención inicial. La primera fue la necesidad de contar más acerca de los personajes protagónicos. De ahí surgió la idea de una narración fragmentada que mostrara diferentes momentos de la infancia, adolescencia y juventud adulta de los personajes para caracterizarlos y justificar su opción de adoptar. Pensando en este proyecto como una narración digital, diseñé una primera escaleta que mostraba diferentes matrices de entrada a la historia. Una línea podría seguir la totalidad de la historia de cada personaje, mientras que otras rutas de lectura podrían señalar momentos específicos, como las infancias o la adolescencia de los padres protagonistas. También veía posibles rutas de lectura con un anclaje geográfico, pues unas escenas pasan en Cali, otras en Chicago, otras en Calgary.
El producto final sigue teniendo como marco la noche de insomnio de los padres, pero la situación inicial da lugar solo a dos rutas para conocer el pasado de los protagonistas, la historia de Lana y la historia de Manuel, pues omití la historia del niño. Se puede escoger entre conocer la historia de Lana o la de Manuel primero, para luego desembocar en la historia de ellos como pareja, y es absolutamente necesario seguir la cronología de cada uno, no una cronología estricta que comprenda a los dos protagonistas. El ejercicio de combinar las cronologías lo propuse en un tablero, una suerte de escaleta que contiene los capítulos completos y sinopsis de otros que no se escribieron. La cronología general la considero una complejización innecesaria, que no ayuda a mostrar mejor las dos perspectivas ni a disfrutar las contradicciones y malentendidos de los personajes.
Más importante que las rutas de entrada a la historia es la creación de los personajes. Hace algún tiempo había hecho una lluvia de ideas para escribir historias y las palabras clave empezaban con la sílaba "bi": bicicleta, biblioteca, bifocal, binacional, bilingüe, birracial, bisexual, etc. Con esa lista en la mano, decidí incorporar algunas de estas palabras a mi historia. Así, la familia que constituyen Lana y Manuel es binacional, bilingüe y birracial. Y Manuel es Manuel.
Con la historia de esta pareja pretendía describir familias vallecaucanas, familias que, aunque encuentro en mi cotidianidad, no conocía en la literatura. En oposición a las familias nucleares de padres e hijos biológicos, quería mostrar otras realidades: abuelos criando a sus nietos biológicos o no, una pareja de primos, una madre que acoge al hijo extramatrimonial, un padre soltero, padres adoptivos, familias mixtas, familias sin hijos, etc. Un elemento esencial de esta suerte de descripción etnográfica de las familias locales es la influencia de los procesos migratorios en la unión o separación de las familias. No podía obviarlo porque esa es mi realidad. Mis hijas son colombo-canadienses y su lengua materna es el inglés. Desde pequeña he estado rodeada de extranjeros y migrantes, y recuerdo que muchas compañeras del colegio vivían con sus tíos o abuelos, mientras sus padres residían en Estados Unidos o en España.
Estas configuraciones familiares están repartidas entre los dos protagonistas, pero aparecen más en la historia de Manuel, llena de entresijos estrictamente relacionados con la noción de familia. Podríamos decir que es el lado social de la historia. En la línea narrativa de Lana, lo que prevalece es una carga literaria. Lana es un personaje que juzga su vida a través de lo que lee y este fue mi pretexto para sugerir una lista de lectura que los jóvenes inclinados a la docencia en los campos de lenguas modernas y literatura deberían completar, al margen de lo que se lee en sus programas de formación. Sin embargo, en vista de que Lana es una joven norteamericana, esta lista de lectura es en su mayoría anglosajona, se mencionan muy pocas obras en castellano y algunas de ellas, en realidad, son traducciones del portugués y del alemán.
La complejidad de Lana, entonces, viene dada por dos aspectos: el lenguaje y la literatura. A través de ellos se muestra su desarrollo desde una niña, prácticamente abandonada en una biblioteca en Chicago, hasta una maestra de inglés, que opta por la maternidad a través de la adopción, en Cali. El reto al construir a Lana era mostrar su formación bilingüe. Esto llevó a que su historia mostrara su bilingüismo. De ahí que haya un capítulo completamente escrito en inglés y que otras secciones contengan textos en dos idiomas. ¿Por capricho o necesidad? Creo que es mitad y mitad. No me sonaba que la primera conversación de Lana con su padre fuera la traducción de la conversación. Quería que sonara más auténtica. Esto no es nada extraño ni novedoso, hay muchas obras fragmentadas que incluyen varias lenguas pasadas, presentes o futuras, como Ulysses de James Joyce o Cloud Atlas de David Mitchell.
Lana es precisamente el personaje que me despierta la ansiedad por la verosimilitud. Sé que a primera vista la idea de una niña lectora en una biblioteca pública no parece muy creíble en nuestro contexto, pero esta característica de Lana se basa en los recuentos de dos amigos míos norteamericanos, que vivieron esa experiencia en dos ciudades muy distantes, a mediados de los años ochenta, la época que se representa en la novela. La seriedad con la que Lana se toma aprender español coincide con el esfuerzo y el desempeño de muchas amigas extranjeras que se prenden de la gramática para no cometer errores. La marca de eso en la novela son los subrayados que Lana usa en sus diarios para enfatizar aspectos como el uso de los pronombres y los tiempos verbales en expresiones que le llaman la atención y en el hecho de que escriba y hable usando los pronombres personales junto a los verbos conjugados, algo que podría obviar, pero que no se atreve.
Lana cambia de registro ante detonantes emocionales, como muchos lo hacemos. La elaboración de sentimientos en la conversación de mis hijas rápidamente las lleva a hablar en su lengua materna, como lo hace Lana. En ese sentido, ellas son mi modelo. Algunas frases de Lana no suenan mal en español, pero realmente sólo tienen sentido en inglés. Ahí es claro que las personas bilingües leerán esos pasajes con una naturalidad que debería resultar extraña para los hispanohablantes. Y, teniendo en cuenta este fluir entre los idiomas, le atribuí a Lana una de las palabras más hermosas que se ha inventado mi hija menor, una combinación de cognados: "desástrofe".
La escritura de la escritura de los personajes, tanto en el caso de los diarios de juventud de Lana como la carta de Manuel a su prima, es el lugar donde me permití poner errores de manera consciente para alcanzar esa verosimilitud buscada. Uno de los textos más difíciles de escribir fue precisamente la carta de Manuel a los nueve años. Puse allí mi experiencia como profesora universitaria de lenguaje para incluir los errores más comunes de mis estudiantes: ausencia de tildes y errores morfosintácticos.
Los fragmentos de diario de Lana a veces comentan noticias o notas periodísticas. Tras la investigación en hemerotecas sobre asuntos que quería abordar en relación con Lana y el contexto local, fue mucho lo que se me quedó por fuera. Al solicitar los periódicos, mis aspectos de indagación eran: actividades culturales, salud pública y violencia urbana. Revisar los periódicos de 1989, 1993 y de 2004 fue una experiencia legitimadora de mi historia personal. Recordé muchas cosas de Cali en esos años, pero también comprendí otras que no significaron nada en su momento. Por supuesto, lo más entrañable para mí fue recordar las salidas culturales a las que me entregué entre 1991 y 1994, mi adolescencia tardía. Ver la programación cultural y la de cine en las salas de la ciudad desató una nostalgia inimaginable. Me sentí orgullosa de haber ido a tantas exposiciones, películas y conciertos, y le atribuí ese vagabundeo cultural a Lana, con la seguridad de que era verosímil porque yo lo viví.
Una de las notas que hubiera querido comentar fue sobre el escritor brasileño Jorge Amado. El curso de Literatura y cultura brasileña que Lana ve con William fue un curso real al que yo asistí. Y recuerdo a la profesora hablar de la nota en la Gaceta dominical de El País, lamentando la cara sin sonrisa del autor en la fotografía. Al encontrar el número de la Gaceta, me emocioné, pero no tenía cómo temáticamente hablar de esa nota de tal manera que apoyara la construcción de Lana o de sus conflictos internos. De ese modo tuve que descartar muchas noticias que me cautivaron por su capacidad de contextualizar la ciudad y la época, pero que no le aportaban nada al personaje.
Estas escrituras de los personajes, los diarios, los inventarios, la carta y los correos electrónicos constituyen los momentos verdaderamente narrativos de la novela. La mayor parte de los episodios son bastante dialógicos, hasta el punto de que podrían asociarse más con guiones que con narración, pero, como el énfasis de la historia está en las relaciones familiares, era necesario mostrarlo a través de lo que las hace posibles: la comunicación oral.
Privilegiar la oralidad implicaba reducir el volumen de la escenificación. Para compensar esto, decidí ahorrarme la descripción de los ambientes, limitándome a identificar la fecha, la ciudad y el lugar de la escena. También me interesaba mantener las escenas cortas, pues tenía en mente los episodios de las novelas web de plataformas para escritores aficionados, dedicadas a narraciones de "slice of life". Narraciones sobre un periodo en la vida de las personas que no siguen una trama particular ni se tejen alrededor de un conflicto. Sin embargo, una vez que se siguen las rutas de lectura de esta novela, resulta claro que no se trata de un relato de esta suerte, sino de algo más complejo. Son los momentos en la vida de los protagonistas que marcan su concepción de pareja y de familia, con la que sustentan su decisión de formar la familia que quieren ser.
Las narraciones de "slice of life" no tienen una razón de ser más allá de causar placer por su sencillez narrativa alrededor de lo cotidiano y ofrecer entretenimiento mediante el abordaje de ciertas temáticas, principalmente las emociones de los personajes, con mucha descripción y sin profundidad filosófica ni elementos simbólicos. Aunque en un principio quería foguearme como una escritora aficionada de novelas web con mis narraciones fragmentadas, la preocupación que subyace a la novela, de legitimar la adopción como una forma de constitución de la familia, se ve complejizada por tres aspectos importantes en la historia de Lana y Manuel: la diversidad de los personajes, la variedad de las configuraciones familiares y la intertextualidad. Y esta combinación dista mucho del alcance de los relatos "slice of life".
En cuanto a la diversidad de los personajes, no me limité a personajes LGBTQ+, aunque sí los hay: Javier y Manuel son bisexuales y Margret es una mujer trans; ni a personajes con discapacidad, como Lucía, la hermana de Manuel, quien tiene síndrome de Down. Lo diverso que consideré fueron las profesiones de los personajes: el músico de orquesta sinfónica, la folclorista, los maestros de ciencias e inglés en bachillerato, la maestra de primaria, la bibliotecaria, la trabajadora social, el observador de derechos humanos. Esa variedad de personas que cuidan y nutren la mente, el alma, era importante para mí.
De la variedad de configuraciones y circunstancias familiares ya mencioné algunos aspectos, así que sólo queda tratar el elemento que más peso le da a la novela, a mi parecer: la intertextualidad. Estas son las obras (epístolas, obras de teatro, novelas, cuentos y poemas) que se mencionan en la novela, la mayoría de ellas asociadas con las relaciones familiares que cautivan la atención de Lana: orfandad, infancia, adopción, paternidad, maternidad, sexualidad y familia.
Cartas de Abelardo y Eloísa, (Siglo XII) 1993
The Tempest. William Shakespeare, 1611
Agnes Grey. Anne Brontë, 1847
Jane Eyre. Charlotte Brontë, 1847
The Professor. Charlotte Brontë, 1857
Wuthering Heights. Emily Bronte, 1847
The Tenant of Wildfell Hall. Anne Brontë, 1848
Anne of Green Gables. Lucy Maud Montgomery, 1908
Brave New World. Aldous Huxley, 1932
“Telarañas cuelgan de la razón”. Luis Cernuda, 1936.
Capitanes de la Arena. Jorge Amado, 1937
I, Robot. Isaac Asimov, 1950
Fahrenheit 451. Ray Bradbury 1951
Lord of the Flies. William Golding,1954
A Wrinkle in Time. Madeleine L’Engle, 1962
A Wizard of Earthsea. Ursula K. Le Guin, 1968
The Left Hand of Darkness. Ursula K. Le Guin, 1969
¡Que viva la música! Andrés Caicedo, 1977
Momo. Michael Ende, 1973
La historia interminable. Michael Ende, 1979
El libro de Manuel. Julio Cortázar, 1973
Un hombre. Oriana Fallaci, 1979, 1983
La insoportable levedad del ser. Milan Kundera, 1984
Jaulas. María Elvira Bonilla, 1984
Convención sobre los Derechos del Niño, 1989
Un beso de Dick. Fernando Molano Vargas, 1992
“Unchosen love”. Ursula K. Le Guin, 1994
“Mountain Ways”. Ursula K. Le Guin, 1994
The Outsiders. S.E. Hinton, 1967
The Bloody Chamber and Other Stories. Angela Carter, 1979
Matilda. Roald Dahl, 1988
Dogsbody. Diana Wynne Jones, 1975
“One Art”. Elizabeth Bishop, 1976
Fire and Hemlock. Diana Wynne Jones, 1985
"How to Be an Other Woman". Lorrie Moore, 1985
Deep Secret. Diana Wynne Jones, 1997
The Merlin Conspiracy. Diana Wynne Jones, 2003
¿Qué mejor manera de mostrar que Lana es una lectora que ponerla a hablar de literatura? ¿Qué mejor manera de mostrar su crecimiento como lectora que a partir de la conversación con otros lectores? ¿Qué mejor manera de sugerir su formación como maestra que a través de su contacto con otros maestros?
Creo que se nota mucho que soy profesora y que respeto a los maestros. Pero ante todo que soy una lectora de lapiz y resaltadores y por eso Insomnes también requiere lectores que sepan conectar detalles que parecen pequeños, insignificantes, pero que no lo son. Como lectora, además, me gusta escribir sobre lo que leo y tenía unos temas pendientes sobre los cuales escribir, por eso simplemente los mencioné en la novela.
Por ejemplo, alguna vez le dije a una amiga que todo profesor de literatura tenía que leer todas las obras de las hermanas Brontë y que pensaba escribir una entrada sobre esto en mi blog. En vez de escribir el texto ensayístico, el comentario me salió como una conversación entre Lana y Cassandra. También tenía ganas de escribir un comentario sobre la relación de dos personajes en The Professor de Charlotte Brontë y salí del tema demasiado rápido, tratándolo como una entrada del diario de Lana en la que ella amplía un comentario de Cassandra. Allí la función es doble: mostrar las evidencias que Lana recoge sobre el tema, pero también mostrar cómo los lectores aprendemos a leer a partir de las lecturas de otros, no necesariamente siguiendo opiniones, también ampliándolas o construyendo puntos de vista propios a partir de nuestras experiencias de lectura particulares.
Otra novela sobre la que he tenido ganas de escribir una entrada en mi blog es Fire and Hemlock de Diana Wynne Jones. Una obra que, hasta donde sé, nunca se tradujo al español y no creo que sea traducida. No sé cómo traicionar el título para que suene bien en español. Cada octubre pienso que voy a escribir una reseña para invitar a leer la novela a propósito de Halloween y del Día de Guy Fawkes, pero cuando recuerdo, ya es muy tarde.
Fire and Hemlock es sin duda mi novela favorita de Diana Wynne Jones y una de las principales influencias en Insomnes. Yo no me había dado cuenta de cuánto me interesaban las relaciones familiares en las novelas de DWJ hasta que leí esta. Me pareció fascinante la descripción de una familia disfuncional en la que lo más saludable para la niña es no vivir con sus padres biológicos. Más importante aún es que el desarrollo de Polly como ser humano está dado por la compañía de la literatura. Y esta es una constante de la obra de DWJ: los jóvenes que usan magia son lectores, porque la magia acompañada de la ignorancia es una combinación peligrosa. Bueno, el punto realmente es que me encantan las historias que contienen mapas de tesoros, que llevan a los jóvenes a descubrir otros textos que deberían conocer para desarrollar criterios y creatividad. Quizás otro ejemplo de un adolescente acompañado de un adulto lector es Persona normal de Benito Taibo. Pero cuando pienso en la influencia de DWJ pienso no sólo en los libros que menciona, sino también en la escritura. En más de un sentido.
Al comienzo, de Fire and Hemlock, la amistad entre Polly y Mr. Lynn es principalmente epistolar. Y de ahí viene la escritura infantil de Manuel y de Lana porque DWJ usa la escritura y la caligrafía como una característica de los personajes. Uno reconoce a una niña creativa, pero poco lectora, a través de las cartas de Polly a Mr. Lynn. Y uno reconoce que Mr. Lynn es disléxico por su escritura a máquina. Con la caligrafía no quise meterme, aunque sí pensé, en algún momento, en describir la caligrafía de Manuel, como lo hace DWJ con sus protagonistas masculinos. Al margen de los ojos y las miradas, de las bebidas favoritas, de los usos particulares de la magia de cada protagonista masculino de una obra de DWJ, uno los reconocería por su caligrafía: cómo escriben Howl (Howl's Moving Castle, House of Many Ways), Christopher Chant (Charmed Life y el resto de las novelas de la colección The Crestomancy Chronicles) y Rupert Venables (Deep Secret) los distinguen de todos los demás.
Entonces, me enfoqué en representar características de los personajes a través de la escritura. Manuel escribe como habla. Y el pensamiento de Lana se ve mejor en la escritura que en la conversación.
El penúltimo aspecto de la intertextualidad que me gustaría mencionar es la agenda. Sí, claramente tengo una agenda, haber mencionado Persona normal me hizo recordarlo. Ante estas escrituras que muestran la formación de jóvenes lectores, que incluyen en su gran mayoría libros escritos por hombres y sobre hombres, yo quise proponer obras escritas o protagonizadas por mujeres, o donde la presencia femenina fuera fundamental. Presento este corpus literario como lo que soy: madre y maestra. Son las obras que me gustaría que mis hijas leyeran, las que doy de leer a mis estudiantes cuando puedo.
Los elementos menos notorios de la intertextualidad en la novela son la música y el cine. No todo lo que se menciona son libros. Es claro que estos dos elementos representan un poco de mi bagaje cultural en una época particular de mi vida. Pero aquí me gustaría revelar dos secretos. El encuentro de Lana con Joseph fue de alguna manera un breve encuentro con mi papá, un barranquillero al que yo jamás de los jamases podré relacionar con el vallenato, únicamente con jazz, soul, blues, pop y disco. Lo que queda de mi papá en la casa de mi mamá son sus discos de artistas como Louis Armstrong, Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Percy Sledge, Boney M, The Bee Gees y ABBA. A ninguno de estos los menciono yo en la novela, pero sí aparecen otros artistas que asocio con mi papá.
Las películas que menciono también reflejan mis intereses de la época, los noventa: el cine italiano y el cine arte. Gracias a las plataformas de streaming, ahora he podido volver a ver algunas de ellas y otras que no menciono. Por ejemplo, pensando en cómo traer a colación a Própero como padre soltero para relacionarlo con Joseph, terminé viendo Prospero's Books de Peter Greenaway en vez de terminar de leer The Tempest de William Shakespeare. Y a propósito de Greenaway, no podría haber escrito el cuaderno de reacciones de Lana a The Pillow Book of Sei Shonagon, sin tener su film The Pillow Book como una de mis películas favoritas por siempre jamás.
Esta reflexión sobre el proceso creativo de Insomnes quedaría incompleta si no mencionara el orden de creación. Como en las películas en las que no se filman las escenas en el orden en el que se ven en el producto final, Insomnes tampoco se compuso siguiendo la escaleta inicial, sino rompiéndola todo el tiempo. En la medida en que fui escribiendo los capítulos, los fui subiendo a este blog, Espejos y Catalejos. Todas las entradas relacionadas con el proyecto tienen la etiqueta INSOMNES. De este modo, ir a la etiqueta muestra el orden de composición de los capítulos, que nada tiene que ver con la cronología de la historia.
Revisar la etiqueta muestra que el arco de Manuel fue el primero que terminé. Esto es porque siempre lo consideré la entrada fácil a la historia, a través de los chismes de familia. Y el arco de Lana requería más esfuerzo en la construcción del personaje y de su historia familiar: pensar más en el crecimiento del personaje y en las relaciones intertextuales.
Me gustaría terminar esta reflexión con una confidencia. Cada uno de mis anteriores títulos de maestría llegó con una hija. Una en Colombia, otra en Canadá. De recibir el tercer título de maestría, habrá llegado con una tercera hija, metafórica esta vez, pero no menos real, aunque su lugar de nacimiento sea virtual. Esta novela es mi hija monoparental.

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