La secretaria entró al despacho presidencial para anunciar al Dr. Benavides. Una vez que el presidente miró hacia la entrada, estiró su brazo izquierdo frente al doctor para escanearlo. Un rectángulo de luz verde, del tamaño de la puerta, se iluminó ante el doctor, indicando que no traía consigo ningún tipo de armas, ni siquiera biológicas. El presidente se acercó a la ventana por la que entraba una cobija de luz al frío salón y se quedó de pie bajo esa tibieza que imprimía calidez en su rostro. —Buenos días, Señor presidente —dijo el doctor, mirando primero al presidente y luego haciendo una pequeña reverencia de despedida a la secretaria. —Acércate, Buena Vida. —saludó el presidente en un tono demasiado amable para el lugar en el que estaba. —¿Lo conseguiste? —Presidente, el estado actual del simulador es aún fragmentario. —respondió el doctor sin abandonar la formalidad. —No se trata de un solo dispositivo sino de dos pares. El primero, a mi juicio el más importante, es un par...