Lana y Manuel: la cafetería


Theresa invitó a Lana a almorzar en la cafetería principal. En la fila, le comentó lo absurdo que le había parecido tener una reunión de profesores para informar cómo los chicos de octavo se tocaban las pantalonetas durante los partidos de fútbol y qué acciones iban a tomar las coordinaciones de la sección, de disciplina y la de deportes frente a este comportamiento. Lo único bueno sobre esa reunión, según Theresa, es que pudo conocer más a Manuel. Confirmó que ya le caía bien desde el comienzo del año escolar, pero que ahora le caía mejor desde que le escuchó decir que el asunto no merecía quitarles la hora de preparación de clase a los maestros porque al fin y al cabo todos los chicos a los trece son homosexuales. 

Lana sonrió y se quedó pensando si la afirmación también sería válida para las chicas. Pero desde su perspectiva, no lo era. Consideró que el comentario revelaba la adolescencia de Manuel y no era una generalización probada con evidencias, pero también empezó un inventario literario para tener pistas sobre el tema y no encontró mucho de dónde prenderse. Recordó haber leído Un beso de Dick, la historia de amor entre Felipe y Leonardo. El amor adolescente en Bogotá. Se dio cuenta de que su bagaje cultural, aunque contenía a muchas autoras, y por eso era diferente del de la mayoría de sus compañeros del departamento de idiomas, era casi absolutamente heterosexual. Entonces, quiso ampliar su educación sentimental sobre la adolescencia y pedirle recomendaciones literarias a Theresa, porque sabía que ella sí tenía un acervo mucho más variado que el suyo.

Pero en ese momento, al levantar la bandeja, Theresa vio a Manuel sentado, sin poder empezar su almuerzo porque dos estudiantes estaban de pie, a su lado, haciéndole preguntas. Y le propuso a Lana ir al rescate de Manuel.

—Hola, chicas. ¿Saben ustedes que esta hora es para su descanso y el de los profesores también? —interrumpió Theresa, haciendo énfasis en su y en también.

—Ay, sí, profesora, qué pena. Profe Manuel, lo buscamos cinco minutos antes de terminar el descanso, ¿sí?

Y Manuel aceptó con una sonrisa y abriendo los labios rápidamente, pero sin hacer sonido alguno.

—Manuel, eres una madre. ¿Cómo dejas que los estudiantes te quiten el descanso así?

—¿Qué te digo? Estas chicas quieren hacer un hormiguero de laboratorio. Yo no puedo negarme a los deseos de los jóvenes de hacer algo movidos por curiosidad científica. Cada año menos egresados se van por las ciencias y eso no es bueno para nadie. No me importa ocupar el descanso para algo que sí vale la pena.

—Maestro modelo, entonces. —reflexionó Theresa moviendo la cabeza de un lado a otro, como sopesando dos visiones de algo. —¿Sabes una cosa, Manuel? Yo creo que tú, los fines de semana, por la noche, te vistes de mujer y sales por ahí a divertirte.

Manuel, que ya había empezado a comer, puso los codos sobre la mesa para estar más cerca de Theresa. Su mirada estaba contenida entre los cubiertos, que alzaba a lado y lado de las orejas. Cuando terminó de masticar, dobló su mano derecha y puso el mentón sobre ella.

—Me descubriste. Esa es la razón por la que estoy saliendo con Lana. La misma estatura, la misma talla de zapatos. Sólo tengo que prestar su ropa. —susurró Manuel con picardía.

Theresa se cubrió la boca con la mano que sostenía el tenedor y miró con sorpresa a Lana. Se emocionó con la mirada cómplice que compartía con Manuel. Supo inmediatamente que ahí había una verdad y una mentira. La ropa de Lana no le quedaría bien a Manuel y desde ese momento no pudo fantasear más con la imagen de su colega como travesti.

—Su secreto está a salvo conmigo. —les prometió con una sonrisa que le arrugaba la nariz.

Hubo un silencio largo en la mesa. Tan largo, que Lana perdió el impulso de pedirle a Theresa recomendaciones de libros. ¿Para qué? Los fines de semana ahora los pasaba con Manuel y no tenía mucho tiempo para leer de cosas que no estuvieran relacionadas con el trabajo o con los intereses compartidos con él. Imaginó abrir en su agenda un inventario, al estilo de Sei Shonagon: Cosas que me causan curiosidad de Manuel.

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