Lana: el lavamanos
[Viene de Lana: la biblioteca regional Hild]
LANA
CHICAGO, IL, 1985
EL LAVAMANOS
En el centro de protección, Lana busca los baños para calmarse en soledad. Deja el agua del lavamanos y sus pensamientos correr sin pausa:
“Lana, Lana, Lana. ¿Qué vamos a hacer contigo?” ¿Cómo puede preguntarme eso la mamá de Cassandra? ¿Qué se les ocurre? ¿Cómo puede ser que me saquen de la biblioteca para llevarme a recoger lo que más quiero en mi casa porque no voy a volver a ver a mamá hasta que ella sea capaz de cuidarme, me pongan en hogares temporales dos veces y que ahora no sepan qué van a hacer conmigo? Ya han hecho lo mejor que han podido y es decirme que los adultos no pueden agredirme “sistemáticamente”. Me dicen que los adultos deben protegerme. Francamente, no sé qué es eso.
En la escuela, nadie se dio cuenta de que me estaban maltratando en casa: mis morados pasaban inadvertidos. En la biblioteca, me dejaban tomar todo tipo de libros: leí y vi cosas sin censura, sin explicación, como dice Cassandra. En el primer hogar de paso que me pusieron, la familia parecía jugar a Cenicienta conmigo y la pareja que me tomó después... Ya eran mayores y pensaban que yo estaba allí para cuidarlos a ellos. No me tocaron los Cuthbert ni la Isla del Príncipe Eduardo. Para esa familia fui un error que jamás, jamás, jamás podría verse como una bendición disfrazada. Mi suerte fue la opuesta de Anne Shirley. ¿Por qué mi vida es tan diferente de las historias que leo?
Los adultos no deberían intentar protegerme, deberían intentar conocerme. ¿Cuidados? Yo me sé cuidar sola. La trabajadora social está intentando comunicarse con familiares de mamá. No conozco a ninguno, pero ella no pudo salir de la nada. ¿Por qué debería tener esperanza de hacer parte de una familia? Mamá claramente no lo era.
Lana, Lana, Lana. ¿Qué van a hacer conmigo? ¿Seguirán jugando al ping-pong, tirándome entre familias y el orfanato? Hay un fuego en mi pecho que crece cuando pienso en los adultos que quieren hacerse cargo de mí. Al verlos, siento que no pueden lidiar conmigo y así es. A veces, estar con los otros niños es mejor. Uno siente que debe cuidarse y cuidar a los más pequeños. Ver a los que han tenido una infancia peor que la mía, sobre todo cuando son menores que yo, es como recibir un viento que empequeñece ese fuego.
El agua en la cara de Lana refresca, como el viento de su pensamiento, su agitación.
[Sigue Lana: Department of Children and Family Services]
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