Tusa y arte poética

Los llanos de Federico Falco

En nueve capítulos, nombrados con los meses de enero a septiembre, Federico, un escritor de 42 años, narra cómo pasa el duelo por el rompimiento de su relación sentimental. La unión de siete años termina cuando Ciro le pide a Federico que se vaya de la casa que juntos remodelaron para vivir como pareja. Tras una breve temporada en el apartamento de unos amigos, Federico decide irse de Buenos Aires y se muda a Zapiola, un pueblo en la pampa, donde alquila una casa con un terreno circundante apto para un huerto.

Federico fue un chico del campo, entonces su decisión de sembrar verduras y hortalizas y criar animales le parece una manera viable de sobrellevar la ruptura.

Vivo el paisaje con la vista, con la piel, con los oídos, pero no lo pongo en palabras. Ni siquiera lo intento. O lo intento solo acá, para mí, palabras clave para no olvidar. Palabras puerta que dentro de diez, quince años, cuando pase el tiempo, me abran al recuerdo de mi cuerpo moviéndose por estos lugares, a las sensaciones y sentimientos de esta época de mi vida. (59)

Su registro de la naturaleza, según la cita, tiene la intención de inscribir su huerto en la memoria, hacerlo una imagen perdurable de lo que por naturaleza no lo es. Esta actitud podría estudiarse desde el procedimiento de singularización que Shklovski describe como representativo de la escritura de Tolstoi. Pues, Federico se toma el tiempo de mostrar cada cosa que siembra, de individualizarla. Sin embargo, esto sería reducir la descripción a un inventario de seres vivos. Nombrar las plantas y los animales como prueba de la vastedad del campo, como lo sugiere Rocha, también es un ejercicio corto, porque el inventario de Federico incluye además voces, muchas voces, principalmente de autoras que detonan reflexiones sobre su pasado y su presente como parte de una familia o parte de una relación. Esas voces, citas y paráfrasis de Alicia Genovese, Monica Vitti, Olivia Laing, Sara Gallardo, Virginia Woolf, Felix Bruzzone, Bonnard, Kristeva y Sollers, Margaret Atwood, Anish Kapoor, Oswaldo Aguirre y otros más dan cuenta de la escucha que hace posible contar una historia, como lo propone Le Guin. Pero estas citas son el anzuelo para lectores de concurso literario que se emocionan con el name dropping. En realidad no es que le aporten mucho a la obra, aunque si le valió posicionarse como finalista en el Premio Herralde de Novela en 2020.

El concepto que mejor nos ayuda a valorar el trabajo es el de narrador tierno, sensible, de Tokarczuk, porque reúne todos los procedimientos anteriores y permite mostrar cómo Federico supera el estado de negación de su duelo al entender los procesos mecánico y orgánico de la construcción de la relación y de la superación de la ruptura.

Federico combina la descripción de la naturaleza que hace crecer y la narración de su historia de pareja con una suerte de arte poética dinámica. Al observar el crecimiento de su huerto y los diferentes resultados de acuerdo con las condiciones ambientales pudo reevaluar algunas de las ideas que tenía sobre la creación literaria, que había formado de la mano de la construcción del nuevo piso en la casa de Ciro.

Escribir requiere caos, incertidumbre, ebullición. Es algo creciendo como en el ápice de la acelga: desordenado y para arriba. Requiere cierta fortaleza y también requiere fuerza y no saber bien hacia dónde dirigirla.

Es un poco como construir una casa, pero sin tener planos previos: cavar cimientos, establecer bases sólidas, intentar estructuras que den sentido y forma, de a poco ir levantando paredes, palabra tras palabra, ladrillo tras ladrillo y cuando no funcionan, tirar todo abajo, demoler, empezar de nuevo. Hasta llegar por fin al revoque grueso, revoque fino, los pequeños detalles, iluminar ciertas esquinas, instalar un par de picaportes, agujeros de cerraduras para espiar hacia adentro. Y así y todo siempre queda algo en mala escuadra, siempre aparece alguna gotera. (134-135)

Este proceso mecánico logra cuestionarlo más adelante al afirmar:

Hay algo del placer de dar forma, de controlar la forma de las cosas, que tiene la cerámica, que antes tenía para mí la escritura y que no tiene la huerta. A la huerta hay que entregarse: disponer y después que el clima y la suerte alteren, pulan, moldeen.

El frío quema algunas cosas, a otras las favorece. Pasa lo mismo con la lluvia, la llovizna, el barro, la tierra oscura, pegajosa, densa.

Con la arcilla, la armonía se logra por destreza y aplicando fuerza. Belleza implica imponer límites, usar músculos, cierta violencia, cierto gasto de energía.

En la huerta, siempre hay algo naciendo y algo muriéndose. Si llega a haber armonía, es por pura contingencia, dura apenas un momento.

Antes pensaba que había que tratar a la escritura como a la arcilla. Ahora me pregunto si se podrá escribir como se hace una huerta. (140-141)

Esta capacidad de unir dos procesos de construcción y de crecimiento, el mecánico de la ciudad y el orgánico del campo, a partir de una necesidad psicológica para teorizar sobre la práctica de la escritura es propia del narrador tierno. Ofrecer una perspectiva donde lo incompatible cohabita mejor que el protagonista con su pareja era necesario para mostrar que no hay un arte poética definitiva para una sola persona. Cada circunstancia y lugar nos conduce hacia una poética particular que a veces produce abundancia y otras sequedad. Y los textos producidos pueden tener un lector o ninguno y el escritor puede leerse a sí mismo o no. Pero una vez que se conoce la palabra escrita, es imposible separarse de ella y es necesario buscar la manera de mantenerla viva.


Falco, F. (2020) Los llanos. Barcelona: Anagrama

Tokarczuk, O. (2019) “The Tender Narrator”. Nobel Prize Lecture. https://www.nobelprize.org/prizes/literature/2018/tokarczuk/lecture/ 

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