Una niña mala
Había una vez una niña mala cuyo nombre era Maritza, María en búlgaro. Si uno es observador advertirá que en las historias bíblicas no hay niñas y en los cuentos ejemplarizantes no hay niñas malas. Todo el peso de la maldad infantil recae sobre los niños. Pero es injusto privar un género de las ventajas que la maldad ofrece a todos los seres humanos por igual. Por eso tenemos que contar la historia de una niña mala, Maritza, o, más bien, de su ingreso a la maldad. La madre de Maritza era una mujer católica, muy católica. Una madre pía, como las mamás de los niños malos en las historias religiosas, que le enseñó a rezar el rosario, la llevó a misa cada domingo de su infancia y la inscribió en un colegio de franciscanos. Una mañana, cuando Maritza estaba en segundo de primaria, llegó a su salón Fray Blas. ¿Cuándo se había visto a Fray Blas merodeando por los salones de primaria? Jamás. Maritza había escu...