Preguntas
Lucan me ha hecho muchas preguntas inesperadas en su adolescencia. Sociales, como “¿Por qué si Colombia tiene fama de ser un país violento, yo nunca he visto la violencia del país?” (Querida, eso es culpa de tu madre, que no te deja andar la calle sola.) Etnológicas, genéticas: “¿Soy blanca?” (Pienso en mi suegra, ángel de mármol, y... Hmn, ... No.) “¿Por qué si tu papá era pardo y mi papá es blanco, tú eres amarilla y más clara que yo? ¿No deberías ser tú la oscurita?” (Aparte del ancestro escocés y el irlandés, tu papá también tiene sangre libanesa. Además, pareces más hija de mi madre o de mi abuela. Tu bagaje genético ancestral es muy rico, vida mía.) Existenciales: “¿Por qué me tuviste?” Hasta ahí llega mi paciencia y doy la vuelta, porque “Te queríamos, te deseábamos y sólo hasta que tuvimos un nombre para ti quedamos embarazados”, ahora sólo la irrita.
Con las preguntas no existenciales de Lucan, recordé a mi amiga Carmen, profesora de Estudios Indígenas en Vancouver y Okanagan. Ella me contó que años atrás era común que le preguntaran si era la niñera de esos niños con los que andaba en el parque o en lugares públicos. La gente se sorprendía cuando les decía que era la madre, pero bastaba mirar dos veces para confirmar que, aunque no tuvieran ni sombra de su piel de mestiza guatemalteca, sí tenían un aire familiar entre sí. Esa nunca fue mi experiencia, pero en Canadá sí tuve mi poco de “How exotic this kid is”, o “The baby is beautiful, but it cannot be said that she is fair.” Y “Mixed-race children are so beautiful!” Por supuesto que lo son. Y esos comentarios, lo hacen a uno sensible frente a lo que es exótico en diferentes lugares. Por eso, quizás, una vez, cuando trabajaba cortando tela en Fabricland, me emocioné al ver a una mujer blanca de cabello lacio oscuro, muy elegante y más alta que yo, caminando entre los pasillos de flannelette y Polartec con dos niños de piel achocolatada. El niño lucía un afro cautivador y la niña tenía dos colitas de las que se desprendían trenzas. Imaginé que a ella también le harían preguntas desobligantes, pero de otro tipo. “Are you babysitting your friend’s children?”, o tal vez “Are their parents okay?” o algún otro comentario que sugiriera que ella no era la madre de los mellizos. Me urgió que ella sintiera que alguien creía que sí. Tras ensayar mentalmente muchas formulaciones, me arriesgué “How long does it take you to untangle her hair in the morning?” Sólo una pregunta podría sugerir una relación y funcionó. Su sonrisa era muy bonita y nos llevó a una animada conversación sobre desenredante, peinetas, trenzas y modelos de pijama para darle forma a la flannelette.
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