La profe que soy

Declaración de filosofía docente (para estudiantes) 


 Me gustaría que cada estudiante que se matricula en mis clases supiera tres cosas de antemano: 1. Lo que escribes es importante para mí. 2. Cada etapa del proceso de escritura es importante, y 3. "No es personal". Estas tres conclusiones son el resultado de unos cuantos años de docencia en la Universidad y de reflexionar sobre mi enseñanza. Pero, en lugar de explicar cada una de ellas, prefiero contar una historia.
      

 En 1993 tomé el curso Teoría de las Clases Sociales, con el profesor Mario Luna, en la Universidad del Valle. El trabajo final requería ver la trilogía de El Padrino y asociar personajes y eventos de las películas con tres conceptos weberianos: estatus, clase y partido político. Para completar mi trabajo, no sólo vi las películas sino que también leí la novela de Mario Puzo. Cuando el profesor me devolvió el trabajo, me quedé asombrada. Parecía tres veces más grueso que el que entregué. Tenía montones de anotaciones en tinta roja que, como marginalia, decoraban mi texto. Los comentarios parecían una conversación del profesor Luna con mi trabajo. Me emociona recordar ahora tanto lo que sentí como lo que aprendí de aquel ejercicio. 

 

Por un lado, sentí que alguien se tomaba en serio mis escritos. Por otro, aprendí tres cosas importantes: En primer lugar, que soy libre de organizar la información de mis trabajos de la forma que considere pertinente, o mejor, que es mi obligación hacerlo. Si lo que más había era representación de clase, es esa la categoría por la que debería haber empezado mi trabajo, aunque el título del artículo teórico la pusiera en otro orden. Segundo, aprendí que no se pueden encontrar rastros de la noción de partido político en las películas o en la novela El Padrino, lo que traduce "no forzar los conceptos en hechos o viceversa". Y tercero, que no debería haber leído la novela porque se centra en aspectos económicos de la cosa nostra. Para simplificarlo: "Céntrate en la tarea y, en caso de duda, pregunta a tu profesor". 

 

Aunque las lecciones aprendidas con ese trabajo han sido útiles para mi formación académica en Humanidades, la sensación de que alguien se tome en serio lo que escribo ha determinado quién soy como maestra o profesora. Quiero que mis estudiantes sientan que alguien se preocupa por sus ideas. Cuando leo los trabajos de mis alumnos o escucho sus presentaciones orales, lo que dicen y cómo lo dicen es importante para mí. Me tomo en serio sus producciones. Por eso comento las cosas que se pueden mejorar y sugiero la manera de superar las dificultades en los textos escritos u orales, cuando no pido a mis alumnos que reflexionen sobre su propio proceso y propongan soluciones a los problemas. 

 

Así que tú, estudiante que vas a matricular una clase conmigo, espera eso: comentarios sobre tus esquemas y borradores, o preguntas que te hagan pensar cómo mejorar tu trabajo. Puesto que yo me tomo en serio tu trabajo, espero que tú te lo tomes en serio: Todo en tu producción cuenta, y no importa lo que sientas sobre mis comentarios, no dejes que te desanimen a seguir tus objetivos de aprendizaje. 

        

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