Te Amo, Peladita




El comienzo: A Aurelio lo atacan con escopolamina en su propia casa, la noche en que su familia pierde su seguro de vida: no una póliza, sino unos documentos y una USB, que su madre contadora conservaba escondidos.  Cómo llegó la familia Grajales Ospina a estar en peligro y qué pasa después de perder este seguro de vida es lo que conoceremos leyendo Te Amo, Peladita


El pasado: A los once años, Aurelio Grajales es una estrella del fútbol en su colegio, pero su pobre rendimiento académico lo aleja del juego por un tiempo y accidentalmente termina apasionándose por el ballet. Su determinación de ser bailarín lo enfrenta con sus compañeros del colegio y con su propio padre. Aurelio sortea bien el matoneo en el colegio, pero sus padres se separan. 


Tras varios años en la academia de ballet, Aurelio se enamora de una chica intocable, en varios sentidos. Le da apodos como Rebeca Buendía (por Cien años de soledad) y Peladita. El sentimiento es mutuo y crece en la medida en que Aurelio (Aureliano, para ella) ayuda a Rebeca a superar lo que la hace intocable desde su naturaleza interior. Pero desde la perspectiva del padre, Rebeca Peletasky no debe relacionarse sentimentalmente con nadie y mucho menos con el hijo de su antigua contadora y actual enemiga. Es en este contexto en el que Aurelio, su familia y Rebeca se ven golpeados ya sea física, moral, o emocionalmente por órdenes del senador Peletasky.


El presente retomado: Azotado por la ausencia de Rebeca y el segundo ataque de los matones enviados por el padre de ella, Aurelio decide salvar no solo a su amiga, sino a su familia, y de paso al país, en una serie de actos arriesgados, propia de la mentalidad de sus 17 años, que lo empuja a los mayores sacrificios, sin calcular con precisión las consecuencias.


Sí. Es una narración que comienza por la mitad. In media res. Bien hecho.


Arte, Literatura, Ciudad y (¿por qué no?) Política 


Te Amo, Peladita se sostiene sobre estos cuatro pilares. El arte, que corresponde al mundo del ballet, las obras en las que Aurelio participa, de un lado, y de las películas con las que relaciona sus experiencias personales, de otro. La literatura, vista en las discusiones que tienen Rebeca y Aurelio sobre Cien años de soledad, las comparaciones que él hace sobre signos que ve en María y en su propia experiencia, los poemas que recuerda (“Canción de la vida profunda”, por ejemplo)  y las letras de canciones de Rubén Blades, el grupo Niche, o Marc Anthony con las que reflexiona. 


Ciudad y Política: Eludiendo el estereotipo de ciudad narco, la novela nos muestra una imagen de Cali que sí está regida por los valores que impuso el narcotráfico en Colombia, pero desde el lado gubernamental, y pone en el centro de la agencia para combatir el avance de la corrupción de lo local a lo nacional a un adolescente de clase media, a través de quien, además, revisitamos lugares emblemáticos de la ciudad. El corazón de Cali, con la Ermita, el Teatro Jorge Isaacs, el parque de los poetas, el Bulevar del río y el Paseo Bolívar; y barrios como Champagnat, Tequendama y Santa Teresita. Para no olvidar que Cali es una ciudad salsera, Tintindeo, rebautizado como Sonsoneo, también tiene su minuto de brillo en la novela. Y la vía Cali-Palmira, al aeropuerto, es el escenario del “gran gesto de amor” que marca la separación de Aurelio y Rebeca.


El protagonista


Aurelio “Aureliano Buendía” Grajales Ospina es un personaje anacrónico, pero necesario. La tecnología que usa lo pone como un joven posible en los últimos dieciocho años, pero todo lo demás, lo hace un personaje que representa la adolescencia de 30 años atrás, empezando por el lenguaje. 


Aurelio usa expresiones que los jóvenes de ahora apenas reconocen y usan poco. Este rasgo  es lo que, a mi juicio, lo hace un personaje necesario. Como profesora de lenguaje y literatura en diferentes contextos, he notado que nuestros adolescentes no usan dichos ni refranes en su comunicación diaria y que cuando uno los dice, o no los entienden o hacen gesto de que los están procesando. 


En una clase de lenguaje en la universidad hace como ocho años, mencioné la expresión “al bagazo, poco caso”. Mis estudiantes dijeron que no la entendían. Después de mi explicación las dudas persistieron. Y pude comprobar que la frase fue, en realidad, mal entendida o mal recibida por aquellos que se imaginaban bagazo con “v”. Como formas condensadas de pensamiento y atajos a ideas comunes, los dichos o refranes y otras expresiones de la sabiduría popular son imbatibles. Que no se usen ni se entiendan contribuye a incrementar las dificultades de comprensión lectora de nuestros estudiantes y de síntesis en su producción oral o textual. 


Invité a mi hijo a ver una obra de teatro en Univalle y él trajo a un grupo de amigos. Mientras esperábamos en la fila, hice un experimento: les leí expresiones que encontré en Te Amo, Peladita que creí que ellos escasamente entenderían o usarían. Y efectivamente, algunas de ellas las escucharon por primera vez, las entendieron por contexto, o, si las conocían, declararon no usarlas. Otras, revelaron que mi expectativa era excesiva. Cuando, una hora después de la obra, y en mi caso, después de pasar por Viernes de letras, nos reencontramos en Unicentro, se entusiasmaron por continuar con el “experimento”. Ante tanta novedad, una chica me preguntó si creía que no conocían las expresiones por su estrato socioeconómico. (Son estudiantes de grados 10, 11 y 12 de colegios bilingües, cuyas edades están entre 16 y 18 años, es decir, más o menos de la misma edad del protagonista de la novela.) No se debe descartar la idea, pero le dije que no, pensando en que es una cuestión del uso de esta forma de lenguaje indirecto por parte de los adultos con quienes ellos viven. Y de hecho, la persona que reconoció más expresiones que los demás, vive con sus abuelos.  Reporto aquí algunas oraciones, pero también frases, adjetivos o sustantivos que no habían escuchado jamás, o que no usaban pero entendían por contexto:


“Calma, calma, que no cunda el pánico.” (41)

Por lo visto se te corrió la teja. (43)

No era el momento de gastar pólvora en gallinazos. (59)

Puro tilín-tilín y pocas paletas. (119)

Y el aire caliente, alborotado como un ventilador que chirriaba como gato en reversa, … (139)

Al reconocerlo, sentí tal embarazo que me provocó tirarme al río. (154)


 Y algunas expresiones que “pues obvio que sí conocemos”:


Algunos amigos --no tan amigos-- empezaron a decir entre bromas que yo me había volteado.  (42)

Papá tenía amigos con los que hacía negocios que también andaban en severas camionetas. (94)

(...), no nos quedará más remedio que darle un paseíto, a ver si se le quita la tusa. (158)

--Te subís o a aquí mismo te matamos, pirobo --dijo el otro. (213)


La verdad, no se me ocurrió preguntarles por otras expresiones de Aurelio que vienen de la literatura, como “la de Troya”, “espada de Damocles”, o “canto de sirena”. Me quedaré con la duda por siempre. Pero lo importante es que los lectores jóvenes de Te Amo, Peladita se encuentran con expresiones que tienen que descifrar por contexto, o que pueden dar lugar a conversaciones con personas de generaciones anteriores. El lenguaje no los representa, pero sí los orienta hacia un diálogo intergeneracional.


Aparte del repertorio de expresiones idiosincrásicas, Aurelio se expresa con símiles, de tanto en tanto hiperbólicos, y metáforas. Incluso ofrece un casual, elemental y tierno par de oximorones por ahí, en medio de ciertas agonías. Hay una comparación que se construye a partir de experiencias que viven los protagonistas y por eso es valiosa. Como metáfora es simple, pero conmovedora: “Si hablamos por Skype o FaceTime, es como si estuviéramos juntos. La pantalla será nuestro papel mantequilla” (295) (El énfasis es mío). Hay que leer la novela para entenderla. 


Cuando digo que Aurelio es anacrónico es por sus referentes literarios y artísticos: Son viejos y todos masculinos. Gabriel García Márquez, Jorge Isaacs, Miguel de Cervantes, Porfirio Barba Jacob, Eduardo Carranza, Pablo Neruda, Rubén Blades, El grupo Niche, Marc Anthony, Mikhail Baryshnikov, Lawrence Durell, entre otros. Es un corpus que tiene más sentido cuanto más se acerca uno a los cincuenta años, o ha pasado por ahí. La adolescencia de Aurelio, creo, nos llega más a los padres de los chicos y chicas de diecisiete, que a ellos. 


Es claro que hay una agenda detrás de la composición de la novela. La elección de los nombres de los protagonistas para ponerlos a jugar con Cien años de soledad, o la actualización del auto oscuro como el cuervo de María, son elementos que guían la atención de los lectores hacia estas dos obras canónicas de la literatura colombiana. De hecho, la historia de Aurelio y Rebeca, puede ser una entrada a nuestra literatura, pero es angosta y se siente forzada. 


Sin embargo, de nuevo, es un trabajo necesario. Mostrar solo lo creíble, como las breves miradas a la sexualidad adolescente y el cuestionamiento de su identidad, incluida la sexual, es muy fácil. Pero mostrar la agencia de un adolescente basada no solo en sus opiniones, sino en sus influencias culturales es una labor de mayor altura. Que esto tiene más sentido entre más cercano esté uno al mundo de las artes, es innegable. Ligar el ballet a la literatura es un deber. Son dos lenguajes que cuentan historias, y por ser artes narrativas también nutren el carácter de las personas. De ahí que la madurez de Aurelio sea verosímil. Su capacidad de motivarse a sí mismo, su resiliencia, perseverancia, imaginación, sensibilidad y altruismo se fundamentan en el amor por las historias. Hay que tener en cuenta que hasta las letras de las canciones que cita son, antes que descripciones, narraciones.  


Celebro que el protagonista sea un bailarín de ballet, opuesto al de salsa, más común en Cali, o al jugador de fútbol que la mayoría de los jóvenes caleños aspiran a ser. Esta actividad física que es una vocación, una opción de vida, me recordó la elección de Jason Reynolds para su Track series: Ghost, Patina, Sunny, y Lu. Hablarle a los jóvenes afroamericanos mostrándoles lo mismo, basketball, baseball, football, no era una opción, por eso escogió atletismo. Había más que decir que reforzar el estereotipo del atleta de entretenimiento.


Y coincido con la mamá de Tomás, el mejor amigo de Aurelio:


--¡Cómo vas a comparar a un futbolista con un bailarín de ballet! --se quejó doña Emma--. Sigue así, Aurelio. (...) ¡Y no te dejes endulzar el oído con eso del fútbol! ¡Aquí hay muchos que saben patear un balón! ¡Este país necesita más bailarines, más artistas, y menos futbolistas!  (124)


Necesitamos más Aurelios, capaces de sentir lo pequeño que uno es y pensar en lo grande que uno puede llegar hacer a través del trabajo constante.


¿Dónde están que no se ven?


Se notan al faltar: autoras, el rigor de la disciplina, otros bailarines y referentes más contemporáneos.


Espero que no sea para reforzar la idea de que ser bailarín no hace a un hombre femenino, que la única artista aludida en la novela sea Alicia Alonso, nombrada sólo en relación con Rebeca. Como si admirar a una artista le quitara valor a la sensibilidad que se persigue. Además, espero que el hecho de que el resto de autores y artistas mencionados sean masculinos, no sugiera que solo la palabra del hombre vale, especialmente cuando se toman decisiones que afectan a los demás. La lista de autores citados muestra el desconocimiento de autoras y poetas colombianas, o al menos refleja su ausencia entre las lecturas escolares y juveniles.  Esto debe cambiar en la literatura colombiana, incluso en la escrita para el público infantil y juvenil.


En lo referente al ballet, considero francamente que hace falta que Aurelio tenga una huella de su disciplina. Si las cicatrices describen a los héroes, las lesiones también hacen parte de la vida de los artistas. ¿No son parte de la de los atletas? Entonces, ¿por qué no lo sería en la carrera de un bailarín? También extraño que Aurelio no tenga amigos dentro de la academia de ballet. Solo amigas. Las relaciones dentro de un interés compartido también sería pertinente mostrarlas, así como otros artistas que pueden presentarse como una influencia, porque de lo muy conocido ya se dio mucho, y por algún lado es importante introducir lo inesperado.


Echavarría, Albeiro. Te Amo, Peladita. Norma Infantil y Juvenil, 2021 





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