The Tenant of Wildfell Hall (BBC, 1996)

La miniserie The Tenant of Wildfell Hall de la BBC (1996), basada en la novela homónima de Anne Brontë y dirigida por Mike Barker, tiene tres episodios. El primero es una adaptación conjunta de Janet Barron y David Nokes, los otros dos están solo acreditados a Nokes. Los protagonistas son Tara Fitzgerald (Mrs. Graham), Toby Stephens (Mr. Markham) y Rupert Graves (Mr. Huntingdon). La música compunge la audiencia de la mano de una gélida iluminación y la necesaria poda de la historia para la tele le quita a Helen Graham todas las características que hacen de la novela The Tenant of Wildfell Hall protofeminista. 


Helen aquí es una mujer huraña y malgeniada que huye de un mal matrimonio para llegar a otro con un personaje de menor rango social. Esta simplificación enfatiza las cualidades de la novela ante su ausencia en la adaptación. Entonces, voy a hacer un contraste entre lo que aparece pobremente representado y lo que es de admirar en la novela y, de tanto en tanto, agregaré lo que debería incluirse en una adaptación, o me gustaría que apareciera. 


  1. La fuga de Grassdale Manor y los regaños de mamá

La salida de Helen con el pequeño Arthur y Rachel es representada como un rapto. En la novela es una salida rápida, sin tropiezos.  Sin embargo, puede suponerse que deliberadamente Helen omitió en su diario el detalle específico de cómo sacó al niño de casa en la madrugada. La falta de información puede despertar la suspicacia de algunos lectores y el guionista resolvió la ausencia con la imagen que pone la mano de Helen como una mordaza para su hijo. Es una imagen incómoda. 


Ahora, una mujer que se da la maña de conseguir que su niño odie el licor debe tener más recursos para sacarlo de noche que simplemente cubrirle la boca para impedir que grite. Si las bibliotecas entre las que Helen creció y vivió le permiten hablar de música, poesía, filosofía y geología, entre otras cosas, con Gilbert Markham, y ella pone a disposición de su hijo libros de historia natural, claramente debe tener otras maneras de cumplir su plan. El rapto hace ver a Helen como una persona básica más que abusiva y esta primera impresión no se diluye aunque la historia explique más adelante que es la consecuencia de un matrimonio desventurado. 


Creo que puede ser una cuestión de la dirección que le dieron a la interpretación de la actriz. Con lo severa y precisa que la Helen de Anne Brontë suele ser, nunca me la imaginé con el tono que le pone Tara Fitzgerald. En mi versión mental, Helen es más classy en sus gestos y su discurso. El gesto de la mano que impide el grito puede tratarse también de un intento del guionista de hacer el personaje más creíble, al que le agrega escenas que no aparecen en la novela en las que Helen regaña al pequeño Arthur con gritos de “¿Qué estabas pensando?” Esta versión del personaje es una madre muy común y familiar para el público televisivo. Tal vez para algunos lectores una madre como la Helen de la novela, que no grita nunca, que controla la expresión de sus emociones para no afectar a su hijo, es imposible. Yo he visto madres reaccionando con calma ante cosas que me harían estallar. Mujeres de muy alto nivel intelectual. Las envidio. Por eso no me parece descabellada la maternidad ficcional de Anne Brontë. Helen Graham es el segundo ejemplo que deja ver la idealización que ella tuvo de la figura materna. En Agnes Gray, su primera novela, a los ojos de Agnes, la protagonista, no hay mejor persona que su propia madre: es la mejor maestra, la mejor administradora, el mejor ser humano. 


  1. Bagaje cultural y carácter


So we talked about painting, poetry, and music, theology, geology, and philosophy: once or twice I lent her a book, and once she lent me one in return: I met her in her walks as often as I could; I came to her house as often as I dared. (Brontë, The Tenant of Wildfell Hall 73)


De este pasaje solo llegaron a la serie las dos últimas oraciones. Helen y Gilbert nunca tienen una conversación que revele su inteligencia y bagaje cultural. Aparte de la escena en que Gilbert intenta regalarle un libro, uno no los ve como personajes letrados. Hay quizás un atisbo cuando en la escena final se reencuentran y ocurre la siguiente conversación:


-Would you give me your hand if asked for it?

-How is it Dr. Johnson described the second marriage? “The triumph of hope over experience.”

-Have you lost hope?

-No. But I have gained experience. Ask me again in a year’s time. If you still feel the same.

-A year?  (“Ep. 3” 00:48:29-56)


Que Helen cite a Samuel Johnson, aunque el comentario sea más propio de la cultura popular, le da un toque de cultura libresca. Pero me parece que hubiera sido mejor si Gilbert hubiera contestado, porque los habría puesto en igualdad de condición intelectual. El diálogo muestra que Gilbert se expresa en oraciones hechas de monosílabos y tiene poco que aportar. Es simple.


Sin embargo, la respuesta de Helen (en la serie, puesto que esta conversación no aparece en la novela) sí que es interesante, aunque la cita -sospecho- se puso para quedar en el oído de la audiencia e ignorar lo que sigue que es lo importante porque revela el control que tiene Helen sobre su decisión de casarse de nuevo.


En la novela, el noviazgo breve, impetuoso, delicadamente abusivo, con Huntington no le permitió a Helen conocerlo mucho antes del matrimonio. Se trataron unas cuantas semanas y entre el compromiso y la boda —un par de meses— ni siquiera se vieron porque ella vivía en una mansión en el campo y él en Londres. El Arthur Huntingdon de quien Helen se enamora es una idea, una construcción que ella hace del hombre basándose en su belleza física, una esperanza. En contraste, a Gilbert Markham lo experimenta de una manera diferente. Cuando Helen lo conoce, no tenía la voluntad de enamorarse, en principio porque legalmente no podía concebirlo, aún estaba casada. De ahí la displicencia con que lo trata por varios meses. Como Gilbert no podía imaginarse qué hacía que Helen lo mantuviera en el discreto plano de la amistad (Friend zone), insiste en ser un amigo y en esa cercanía que es conversación, escucha, tolerancia a las ideas opuestas, admiración por su trabajo, cuidado por el pequeño Arthur, preocupación por el bienestar de Helen, resulta que ella encuentra en él lo que inútilmente esperaba de su esposo: un compañero, un padre, un hombre de principios, responsable de su familia y su hacienda.


Solo después del matrimonio Helen confirma la aprehensión de su tía y de su amiga Milicent: Arthur es un hombre superficial, intelectual y moralmente inferior. Sensualista, despilfarrador, desleal: la lista es larga. Observador sí, pero de trivialidades, carente de seriedad y de capacidad de reflexión, especialmente de autorreflexión. Se casa con Helen creyendo haber encontrado una persona que tenía ojos solo para él y dispuesta a negarse a sí misma para satisfacerlo. Esto resultó no ser así. Helen se creía redentora y capaz de cambiarlo, de hacer de él una mejor persona. Ninguno de los dos “leyó” al otro adecuadamente. Se casaron con la expectativa del otro. Por el contrario, Gilbert y Helen sí se “leen” mutuamente, pero esto les toma tiempo y trato continuo, que es lo que no tuvo Helen con Arthur, pues la mayor parte del año él llevaba una vida licenciosa y disoluta en Londres. Convivencia y comunicación fueron casi inexistentes en su matrimonio. 


En resumidas cuentas, lo que aplica en la novela es lo contrario del adagio de Samuel Johnson citado en la adaptación. La decisión de un segundo matrimonio, en manos de Helen, quien puede tomarla, es el triunfo de la experiencia sobre la esperanza.


Pero volviendo al punto del bagaje cultural. Al Gilbert de la miniserie le falta lo que hace interesante al de la novela: un perro Setter con el aventurero nombre de Sancho, una biblioteca personal, el rol de líder de sus trabajadores que suda con ellos y de negociador que quiere ampliar sus tierras, incluso la amistad con Mr. Lawrence. El perrito desgarbado y el desprecio de Fredrick en la serie arruinan todo el esfuerzo que puso Anne Brontë en crear un caballero granjero (a gentleman farmer) a la altura de su encumbrada heroína. Pero es que en esta adaptación, el personaje de Helen también sufre unos descensos de carácter que me hacen preguntarme cuál es la intención ideológica de la serie. Esta Helen es una mujer apocada que simplemente cae en manos del primer hombre que le presta atención por fuera de su círculo social. Resiste el embate de Mr. Hargrave, pero no el de un Gilbert que se asemeja más al Walter Hargrave de la novela. Que Gilbert se aparezca en Grassdale Manor delante de Arthur hace de él un personaje desatinado, que no le quede más que resignarse a perder a Helen, lo hace un pusilánime.


Como si fuera una mujer necesitada de un hombre para vivir, ocurre que en esta adaptación, escrita y dirigida por hombres, es Helen quien va en busca de Gilbert a su comarca y se ve atribulada al creer que él se ha casado con Eliza Millward. En la novela es Gilbert quien sale a lugares que no conoce en busca de Helen, ante el rumor de que se casaría con Hargrave. En la miniserie no hay un balance de sufrimiento entre los protagonistas. Todo recae sobre Helen. ¿Es esta adaptación un intento de corregir lo que algunos lectores desprecian en la novela, una protagonista con agencia, y quiere “ponerla en su lugar”?


Mientras que en la novela, si bien hay sufrimiento, también hay descripción del amor y algunas de las vivencias de Helen enamorada de Arthur se reflejan en Gilbert enamorado de Helen, hay padecimientos emocionales en ambos lados. No dejan de ser mayores los de Helen, pero Gilbert también tiene su parte. ¿Por qué tanta opresión para Helen en la serie? El esfuerzo del guionista va en dirección opuesta al de la autora. Parece querer poner a la terrateniente al nivel del granjero que tiene poco de caballero.


Lo que me gustaría ver en una adaptación es el despliegue del pensamiento dialéctico de Helen que aparece en la novela e, idealmente, ampliar el material original con un ejemplo de estas conversaciones sobre filosofía, o una conversación sobre la obra de Sir Walter Scott, unos versos, algo que le dé más sustancia a los diálogos que las experiencias cotidianas. ¿Por qué no intentar elevar la audiencia a la altura de la obra literaria, en lugar de diluir la obra para mantener la impresión desaborida de las mujeres del S. XIX como pasivas y víctimas, intelectualmente pobres, y a merced de los caprichos o la buena voluntad de los hombres?


  1. Demasiado drama y poca influencia femenina


Aunque la verdad no aparece muy a menudo, la novela tiene a alguien que en la serie es invisible: un adolescente impertinente, el comic relief. Sobriamente dosificada, la presencia de Fergus en la novela le da color a la vida familiar de los Markham. Mientras nos pone a reír a los lectores, solo le causa indignación y humillación a Gilbert, y aumenta sus tormentos.


Igualmente ausente está el apoyo emocional que se ofrecen las mujeres y la influencia que tienen en el bienestar de sus amigas. El lugar común es el que queda en la serie, las mujeres contra las mujeres: las chismosas contra la mujer indefensa, la amante contra la esposa de Huntingdon. Sí, es una miniserie de solo tres episodios, pero precisamente para cambiar el patrón de que todo va de mal en peor y al final hay una luz que llega de la nada, podría incluirse al menos un ejemplo de cómo las mujeres cambian la vida de otras positivamente, es decir, mostrar cómo esa luz tiene una razón de ser. No sería posible incluir el rol de Helen en el mejoramiento de la calidad de vida de sus amigas Milicent y Esther, pues sus líneas narrativas no entran en la serie. En la novela, Helen ayuda a recomponer el matrimonio de los Hattersley, consiguiendo que Ralph sea más considerado y escuche a Milicent. La buena obra se le devuelve cuando Ralph, en la agonía de Arthur, le pide que sea más considerado con Helen, quien ha regresado para ser su única compañía en tiempos adversos. En cuanto a Esther, le procura el mejor hombre de todo el espectro masculino representado en la novela, Mr. Lawrence. Lo que sí se podría incluir es el resto de la conversación que tienen los Markham, la madre, Gilbert y Rose, sobre los deberes de las partes en un matrimonio. La serie corta ese diálogo que en la novela aclara que si Gilbert es un hombre considerado, se lo debe a su hermana Rose, quien le hace ver que sus privilegios masculinos son consecuencia de la negación de los de las mujeres, de su sacrificio y hace de él un hombre agradecido.


  1. Aciertos


In media res. Que la serie conserve el orden de la narración muestra el acierto que fue esta organización del relato en la novela de Anne Brontë. El misterio, la revelación, el purgatorio y la luz al final del túnel funcionan muy bien para mostrar la redondez del personaje protagonista. En la miniserie, la simplificación de la estructura de la historia quitando el marco epistolar que aparece en la novela es un acierto, porque elimina la voz de Gilbert como la última palabra y deja la historia en manos de los dos protagonistas.

 

Cultura popular. Las calles del pueblo y el mercado son lugares que no aparecen en la novela, y es bueno que se vean en la serie de televisión porque ambientan la historia en una época fácilmente identificable y hacen más concreta la amenaza que representan para Helen las habladurías de los habitantes de la comarca. El sketch de Puch and Judy ("Ep. 1" 00:43:19-36) que atrae al pequeño Arthur en la plaza me parece una adición muy positiva para simbolizar la violencia de género que se normaliza a través de la cultura popular desde la infancia. El espectáculo del garrote parece cómico para la audiencia infantil, y a través de la risa el maltrato físico se instala en la vida cotidiana. 


En la novela, uno de los intentos de Huntingdon por hacer de su hijo un hombre es enseñarle a beber licor. La adaptación de Nokes hace de esto algo relevante y memorable para el pequeño Arthur a través de una ceremonia de iniciación en la que Huntingdon y sus amigos le enseñan un limerick ("Ep. 3" 00:12:50-14:26). La rima inocentemente disfrutada puede ser repetida muchas veces antes de que el niño tenga oportunidad de entenderla. Una vez instalada en su memoria, llevará tiempo y trabajo desmontar la naturalización de la degradación de la mujer que ha aprendido con placer mediante este elemento de la cultura popular.


Conclusión

No puedo decir que esta adaptación le haga justicia alguna a la obra de Anne Brontë. Deshace la fuerza de los protagonistas para volverlos gente demasiado común. La versión de Nokes ofrece la feminidad que la autora reta por completo. La protagonista de la novela de la época victoriana es más admirable que su representación casi ciento cincuenta años después. He llegado a novelas por la curiosidad que me han causado algunas adaptaciones; pero, a pesar de la interesante reconstrucción de la época, esta es una versión audiovisual que no me llevaría a leer la novela. Y qué pérdida hubiera sido no haberla leído.



Obras citadas

Brontë, Anne. Agnes Grey. Penguin Classics, 1988

Brontë, Anne. The Tenant of Wildfell Hall. Penguin Random House UK, 2016

The Tenant of Wildfell Hall, BBC, season 1, episode 1, 16 Nov. 1996

The Tenant of Wildfell Hall, BBC, season 1, episode 2, 16 Nov. 1996

The Tenant of Wildfell Hall, BBC, season 1, episode 3, 23 Nov. 1996

 

 

Jimmy Liao. Si no te gusta leer, no es culpa tuya. 
¿Leer o no leer? Ese es mi problema
 

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