Amar después de amar
El marco de la novela es la comunicación epistolar de Gilbert Markham con su cuñado, Jack Halford. Gilbert ha resuelto recuperar la confianza del esposo de su hermana Rose, contándole, con un detalle propio de una vida ociosa, un periodo importante de su juventud, en el que Jack y él aún no se conocían. En contraste con las novelas de Jane Austen, protagonizadas por jóvenes mujeres en edad de pensar en matrimonio, esta historia cuenta cómo Gilbert llegó a ser el segundo esposo de Helen Graham (Lawrence, o Huntingdon). Sí. La mujer que ha sobrevivido una unión desastrosa, tiene una segunda oportunidad de vivir un matrimonio duradero con un hombre que jamás se ha casado. Así se espera que ocurra con Catherine y Hareton en Wuthering Heights. En esta historia, el segundo matrimonio es el mejor, como el de Mr. Rochester en Jane Eyre.
En The Tenant of Wildfell Hall, la escritura de Gilbert Markham no solo incluye su memoria y versión de los eventos, se alimenta también de extensas transcripciones de un diario y de cartas de Helen que no fueron dirigidas a él. Y tal vez por esta estructura y elementos es que me llaman tanto la atención los usos de las escrituras privadas en esta novela, y me causan tanta curiosidad las que existieron o que debieron existir y de las cuales no tenemos rastro: las páginas del diario de Helen después de conocer a Mr. Markham (129) y las cartas que debieron escribirse entre el reencuentro en Staningley Hall y su matrimonio (484). En esa ausencia vislumbro un proyecto de escritura creativa. Como en la observación de cómo en la novela unos personajes abiertamente muestran cartas personales para conmover o sensibilizar a otros encuentro un tema de reflexión. Pero no lo voy a abordar aquí.
No conocemos cartas entre los protagonistas, pero el diario de Helen (130-396) y las cartas a su hermano dan mejor cuenta del carácter reflexivo y del valor intelectual y moral del personaje del que podrían aportar tales misivas. Mi interés se centra en el diario.
El diario de Helen tiene dos funciones importantes dentro de la historia, una más evidente que la otra. La primera, ya mencionada, es aportar evidencia sobre el carácter de su autora, cuando se vio en la necesidad de demostrar su integridad moral para librarse de rumores que la describían como madre de un hijo bastardo de Mr. Fredrick Lawrence (82). Él es en realidad su hermano, quien al ocultar el parentesco la protege mientras ella huye de su esposo, Arthur Huntingdon, en Wildfell Hall, una propiedad familiar abandonada (391). Helen se presenta como Mrs. Graham, viuda con un hijo pequeño, y en pocos meses la curiosidad por la misteriosa inquilina se transforma en amenazantes difamaciones. Gilbert Markham y Helen Graham desarrollan, en alrededor de ocho meses, una amistad que encubre sentimientos más profundos y su vínculo se ve puesto a prueba por habladurías y una conversación fuera de contexto que confirma una relación clandestina entre Helen y Fredrick (106-7). Helen intenta terminar el contacto con Gilbert al confirmar la dimensión de su apego, uno que no puede terminar en matrimonio, pues ella aún está casada con Huntingdon. Una separación franca, en buenos términos y manteniendo en pie su buena imagen ante él es su resolución.
“‘I don’t say I can clear myself altogether’, said she, speaking low and fast, while her heart beat visibly and her bosom heaved with excitement, -’but would you be glad to discover I was better than you think me?’
‘Anything that could, in the least degree, tend to restore my former opinion of you, to excuse the regard I still feel for you, and alleviate the pangs of unutterable regret that accompany it, would be only too gladly -too eagerly received!’”(128)
Mrs. Graham encuentra como medio para aliviar el desconcierto de Gilbert Markham no el relato oral de su pasado, que es lo que él esperaba, sino su escritura íntima. Por las cartas a Halford sabemos que la narración oral no hubiera sido muy productiva. Gilbert no es buena oreja y se hubiera desmotivado ante tanto contexto, o enredado en las innumerables ramas del relato de Helen que incluyen no solo un cortejo abusivo, un matrimonio entre opuestos irreconciliables, infidelidades, opresión psicológica y financiera y el acoso de allegados. Para abarcar todo esto ni siquiera una carta hubiera sido eficaz. Solo una escritura sostenida en el tiempo que da cuenta de la evolución psicológica y de las minucias cotidianas de la vida matrimonial podría limpiar toda duda sobre su autora, porque no es algo rápidamente falsificable. El aprecio por la letra (los libros, el diario, las cartas) y el desprecio por la voz (los chismes sin fundamento) nos muestran por qué Gilbert y Helen se entienden. Ambos son personajes observadores y reflexivos que tienen más aprecio por las ideas que por las apariencias. En eso se asemejan a Edward Rochester y Jane Eyre.
La segunda función del diario de Helen, que es una consecuencia de la lectura, es “educar” a Gilbert para ser su pareja definitiva. Tal educación no sería posible si él no tuviera unos talentos, enraizados en su vida familiar, que favorecieran su éxito, pero solo se concreta en la medida en que Gilbert ve en el diario exactamente lo que debe evitar y procurar para no perder el amor de Helen. No se trata siquiera de ser lo opuesto a Arthur y su corte de amigos, porque ese es el carácter de Fredrick. Para conservarla, más bien tiene que seguir siendo un espejo de la Helen que conoció en el otoño de 1827.
Siendo una criatura intelectual, Helen se revela de manera simbólica. En Staningley Hall, le ofrece a Gilbert una rosa de invierno que representa su capacidad y voluntad de amar, a pesar de una experiencia conyugal miserable y trágica. Gilbert, acosado por la inseguridad que le causa ser consciente de amar no a una mujer de clase media como él, sino a una opulenta terrateniente, pregunta: “Would you give me your hand too, if I asked it?” Maestra del lenguaje indirecto que aprendió al lidiar con su esposo y sus amigos, Helen acepta con otra pregunta: “Have I not said enough?”. Gilbert entonces anuncia su cautela: “But if you should repent!” Con autosuficiencia, Helen responde: “It would be your fault, (...) I never shall, unless you bitterly disappoint me. If you have not sufficient confidence in my affection to believe this, let me alone.” (484) ¿Cómo podría saber Markham lo que lo pondría en riesgo solamente con relatos orales, anécdotas o suposiciones? La respuesta de Helen, “sería tu culpa”, claramente señala el viacrucis descrito en el diario y las cartas a Fredrick (423-30, 432-5, 447-8).
Es la palabra escrita lo que da fe del carácter constante, noble, generoso y racional de Helen, pero también la que muestra qué es lo que ella espera de un hombre. El retrato de amante en la crónica de amor y desamor que es el diario se convierte en un manual de instrucciones o texto guía para Gilbert, quien lo conserva como suyo, no ya de Helen, veinte años después. Para darle credibilidad a su propio relato, Markham recurre a documentos escritos y afirma: “Among the letters and papers I spoke of, there is a certain faded old journal of mine, which I mention by way of assurance that I have not my memory alone -tenacious as it is -to depend upon; in order that your credulity may not be too severely taxed in following me through the minute details of my narrative”(10). Conservar el diario en su propia biblioteca sugiere que es un documento más importante para Gilbert que para Helen. Volver sobre él es como usar una lista de chequeo que verifica lo que se ha cumplido para conseguir una unión duradera y feliz. Es en este sentido que podemos ver el diario como un instrumento didáctico de la educación sentimental de Markham.
El diario mismo y algunas descripciones de Gilbert no dejan duda alguna sobre el talante educador o formador de Helen. Ella intenta reformar a Arthur Huntingdon, exhibiendo algunas actitudes con la intención de “darle una lección”. Todo lo que hace para apartar a Little Arthur, su hijo, de una vida desbordada, intemperante, como la de su padre, lo confirma. Su éxito en conseguir que el pequeño aborrezca el alcohol (31) y que lea con una fluidez admirable a los seis años, también (60). Helen es una mujer que una vez se fija un objetivo, traza una ruta para cumplirlo de la manera más eficaz. Y lo logra la mayoría de las veces, educando a otros, mostrando el mejor camino para llegar a un fin. Su fracaso con Arthur Huntingdon no es una derrota personal, sino la de la idea insensata de que una mujer puede reformar a un hombre vanidoso, superficial, entregado a los placeres corporales, por sí sola, o en nombre de su religión.
Siendo una novela realista, The Tenant of Wildfell Hall ofrece, específicamente a través del diario de Helen, una serie de cuadros de costumbres de la era victoriana que incluye (pero no se limita a) los compromisos matrimoniales con diversos motivos y condiciones, la opresión legal y económica de las mujeres en la vida familiar y marital, la violencia psicológica contra las mujeres, muchas veces en manos de otras mujeres, el acoso sexual, el libertinaje de los hombres acaudalados y sus hábitos degradantes: adulterio, orgías, juegos de azar, etc. Tanto el diario como las cartas ofrecen un recuento muy detallado de las etapas del alcoholismo, llevado hasta las últimas consecuencias, pero también dejan ver otros aspectos: intentos por evitarlo, mitigarlo o superarlo.
Y este retrato de la época y de sus personajes lo hace exhibiendo una técnica narrativa dominada por la ironía dramática. En el diario de Helen conocemos a Arthur Huntingdon mejor que ella, mucho antes de que fuera consciente de estar atrapada en un matrimonio irremediablemente fallido. Antes de la boda, incluso, los lectores sabemos, como la tía Maxwell y Milicent, que Arthur no está a la altura intelectual o moral de Helen, y que a ella no le espera la felicidad que se imagina a su lado.
Mi objeción frente al uso del diario como un artefacto que sirve a varios propósitos tiene que ver con la excusa que lo pone al alcance de ojos que no son los de los protagonistas. ¿Realmente es justificable dar de leer el diario y las cartas a Halford? ¿En algún momento Gilbert pensó en las consecuencias de compartir la intimidad, si bien ya expirada, de Helen con alguien cercano por alianza y no por consanguinidad? Seguro que perdió toda vigencia la advertencia de Helen de no compartir con nadie el contenido del diario. De hecho esto ocurre cuando en una carta acepta que Gilbert le cuente a Mrs. Markham y a Rose lo que la llevó a esconderse en Wildfell Hall(432). Pero, ¿no se suponía que las confidencias eran las de Gilbert? ¿Cuál es el propósito de compartirlo con un citadino? ¿Habrá una intención formativa o ejemplarizante? No todo pretexto es bueno para aceptar que disfrutamos desentrañar la intimidad de Helen. A mí me hubiera satisfecho que el narratario fuera un descendiente de los Markham.
Brontë, Anne. The Tenant of Wildfell Hall. Penguin Random House UK, 2016

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