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Mostrando entradas de mayo, 2025

Escritura desde el territorio

La primera vez que atravesé las montañas rocosas entre Alberta y British Columbia estaba fascinada con los bosques de pinos. Kilómetros y kilómetros de bosques hicieron el viaje de verano maravilloso hasta que pasamos por uno incinerado. Cientos de kilómetros de árboles muertos, unos caídos, otros incompletos, otros a medio erguir, no eran un espectáculo pintoresco. Yo le pregunté a mi familia política que cuándo había sido el incendio y que cuándo iban a reforestar. No tenían una respuesta para la primera pregunta, pero sí una para la segunda: Cuando los bosques se queman, no se reforestan. Se deja a la naturaleza hacerse cargo de sí misma. Esas respuestas simples y tajantes hacen parte de mi visión de Canadá. Con otros viajes por las rocosas, en verano, en otoño o en invierno, mi fascinación con los bosques de pino menguó , pero no desapareció . Y relaciono esos bosques con algo que para mí es relevante, con el uso del lenguaje académico.   Las primeras tareas escritas que entreg...

Lana y Manuel: la cancha techada

     El miércoles, a las 7:00 a.m., Lana entró a la sala de profesores sin saludar. Tomó la tabla de asistencia y preguntó si alguien ya había firmado la lista de voluntarios para la actividad del sábado.      —Ya mismito la firmo —se apresuró a contestar Manuel, suponiendo que ya Lana se había anotado.      Lana alcanzó a terminar su nombre antes de sentir los dedos de Manuel sobre su mano para tomar el lapicero. Lo recorrió de la frente a la mano con una mirada que podría decirse neutra, pero que no lo era. Sus labios entreabiertos no mostraban la sonrisa sardónica que tenía adentro. “Ya mismito”. “Mis-mito”. “Qué palabra es esa”. La sala estaba casi llena, pero su mesa estaba vacía. Lana calló sus ganas de hablar con Manuel con un café. Pero él la siguió hasta su silla.      —¿Entiendes de qué se trata lo del sábado? —preguntó Manuel, como confirmando si Lana aceptaría salir con él.      —Los chicos patroc...