¿Halagos?
Deben ser las imágenes de Grecia. Postalitas de tanta luz y roca mediterránea. Luz. Me gustaban las conversaciones sobre Platón y Aristóteles por la mañana. Sus filosofías iluminaron una edad en mí. ¿Cómo leer? ¿Cómo escribir? ¿Cómo preguntar? En ellos estaban las respuestas. En ellos estaban la claridad, la simplicidad, el orden, la belleza. Por supuesto, esto fue antes de leer sobre Diógenes, el hombre de palabras inéditas que le puso a mi imagen de Asia Menor una sonrisa delirante. La luz de la mañana caleña bruñía los cabellos canos del profesor y hacía agradable su acento francés. A menudo ensoñaba nuestras clases como conversaciones al ritmo de una caminata, como imaginaba que hacían los peripatéticos. Pero yo andaba en busca de “cómo hacer” y cuando el profesor anunció que nos leería un comentario de texto para indicarnos lo que él esperaba de nuestros trabajos, puse los pies en la tierra (es decir, descrucé las piernas) y cerré los ...