Autoficción
Stanley Fish se define como un observador de oraciones en su libro How to Write a Sentence: and How to Read One. Hace una analogía con los aficionados a los deportes, que admiran las jugadas que ellos mismos no podrían hacer: él se maravilla con oraciones que no podría haber escrito. Me encantó esa perspectiva de observar la escritura de otros con admiración. Me recordó al Borges que afirmó que se enorgullecía de lo que había leído y que dejaba a otros ufanarse de lo que escribían. Yo también soy una admiradora de las oraciones de los demás. Y debería decir más bien “de las de las demás”, porque a menudo me encuentro dándole vueltas a los textos escritos por autoras. Ya no me interesa tanto leer a autores. Supongo que moriré sin haber leído a Proust, a Calvino, a Mann, a Dostoievski y otros engrandecidos apellidos masculinos, porque estoy en mi periodo de superación de la misoginia intelectual y quizás me quede allí para bien. Yo me he enamorado de la escritura de mujeres, al punto de...